jueves, 4 de octubre de 2018

La paternidad responsable y la irresponsable


Por: Ramón Antonio Veras.

I.- Ser padre o madre una decisión voluntaria

1.- Lo que el ser humano ejecuta por su propia voluntad es una decisión consciente en la que nada extraño ha intervenido; no se ha visto forzado a realizar; en forma deliberada ha procedido. La libertad está presente en el accionar de quien obra espontáneamente, sin cortapisas de ninguna clase porque ha hecho o ha dejado hacer honrando el dictado de su conciencia.

2.- Lo voluntario está liberado de hacerse por obligación; es algo optativo que no se nos manda a cumplir con obligatoriedad. El hombre o la mujer tiene la posibilidad de tomar la determinación de ser padre o madre, pero decidirse por tener esa calidad cambia la condición de los que no habían procedido a la procreación ni a la adopción  y, por tanto, no tenían ninguna obligación a cumplir frente a descendientes.

3.- El compromiso limita la voluntad, y aquellos que asumen la carga de progenitores están en el deber de cumplirla con responsabilidad moral, social y jurídica. Les incumbe a los padres responder de las actuaciones de sus niños mientras estén bajo su control. La capacidad de criar la deben demostrar los ascendientes en el cuidado, diligencia y esfuerzo que hagan durante todo el tiempo que lleven a efecto la formación integral de sus retoños.

4.- El padre y la madre honran el acuerdo tácito formalizado con sus descendientes y la sociedad, ejecutando sin esperar otra recompensa que la promesa cumplida. Ligarse los ascendientes es como darle la palabra al medio social donde viven de que llevarán a ejecución lo que asumieron ad libitum. Darse por satisfechos de lo que han construido en el hogar con el trabajo instructivo a sus niños es sentirse pagados por la obra realizada.

5.- Los deberes de los ascendientes con sus vástagos son comunes; no corren como propios a cargo de uno o de otro, sino en una especie de asociación de personas que viven con sentimientos y reglas que les sirven de guía, estando de por medio la sangre y a veces solo lo afectivo. “El hijo no es del padre ni es de la madre; es una unión de ambos personalizada y es afán de perfección modelada en carne y alma”.


II.- Obligaciones a cargo del papá o de la mamá ante sus descendientes

6.- Una familia se levanta decente por la forma como los progenitores se comportan cumpliendo con sus deberes, porque de su proceder va a depender el futuro de la comunidad familiar; los hijos no llegarán a ser otra cosa que la expresión de los padres. “No hay infecciones de la sangre peores que las que se heredan de padres depravados”. Ciertamente, los ascendientes viciosos en sus costumbres son los que llenan a las sociedades de corrompidos y pervertidos.

7.- En la conducta de las ciudadanas y de los ciudadanos es fundamental la forma como sus padres les formaron, porque ellos son su obra y la señal de si han cumplido o no con sus obligaciones. “Los padres, o por tener más experiencia que los hijos, o por ser su hechura y conocer sus inclinaciones, o por haberlos criado y conocer de qué pie cojean, o por el amor entrañable que les tienen, son algo profetas de los bienes o de los males de los hijos”.

8.- Hoy está haciendo falta el papá y la mamá que antes de ocuparse de hacer dinero de cualquier forma, se dediquen a darles una hermosa educación familiar a los descendientes para que hagan suya aunque sea una parte de la idea: “administrar su casa; en eso consiste la verdadera ciudadanía. Eso es tomar verdaderamente parte en el gobierno general de la ciudad, y ejercitar los hermosos derechos”.

9.- El hijo bien educado en la casa solariega, si en el curso de su vida pierde resistencia educativa, la tacha no es culpa de sus padres; hay que buscarla en una causa extraña a la orientación que le dieron. Un núcleo familiar que recibió igual encarrilamiento debe conservar las mismas costumbres e idéntico proceder en el seno de la sociedad, y aquel que falla debe revisarse.

10.- La obligación material y espiritual que asumen los padres con los hijos no desaparece por la separación convenida ni por la desavenencia que pueda ocurrir en el curso de la niñez o la adultez, pero la instrucción estaría a cargo de aquel que aceptó convivir con él o la adolescente. Esto no quiere decir, en modo alguno, que la mamá o el papá separado del niño o de la niña se comporte indiferente a su destino. La ruptura crea dificultades a los hijos pequeños porque la experiencia dice que la conducta va a estar influenciada por la individual orientación recibida del tutor que se mantuvo a su lado.

11.- Al margen de la situación que motive a los padres a romper la vida en común y permanente, en nuestro país se advierte una total relajación en el núcleo familiar. El aflojamiento, la debilitación se observa con facilidad; los padres no están desempeñando la función que les corresponde una vez aceptaron el compromiso ante sus hijos y la sociedad.

12.- Porque muchos padres se han ocupado de asuntos triviales, y no de la responsabilidad que les incumbe, la sociedad dominicana de hoy es la adecuada para que se desarrollen los pillos. “No debemos olvidar que la sociedad no es más que el desarrollo de la familia; si el hombre o la mujer sale corrompido de la familia, corrompido entrará a la sociedad”. Pura y simplemente, si hoy padecemos de un medio social degradado en lo ético y moral es porque muchos progenitores se ocuparon de formar hijos adecuados para ser corruptos.

13.- De diferentes formas los hijos son afectados desde el seno familiar, porque hay muchas maneras de corromper a un niño. “Se corrompe su espíritu con la desconsiderada exageración en las alabanzas; se corrompe su carácter dejándolo obrar a su antojo; se corrompe sus sentimientos ocupándose de sus excesos y haciéndole objeto de adoración e idolatría”. Esa es la realidad que en la actualidad estamos viviendo; la de los padres que quieren cubrir su irresponsabilidad con atenciones inoportunas y cargadas de informalidad para exculparse y a la vez hacerse los desentendidos no tomando parte en el actuar de los hijos.

14.- La sociedad dominicana está moralmente degradada porque además de estar sustentada en un sistema que genera desigualdad, el agrietamiento ha llegado al seno familiar donde muchos padres soslayan cumplir con sus responsabilidades contribuyendo así a hacer más calamitosa la situación de descomposición social. El papá y la mamá irresponsables se sienten cómodos aparentando ausentarse disimuladamente del escenario para escurrir el bulto, mientras sus descendientes realizan las peores diabluras.
15.- El descalabro en la familia dominicana no es cuestión de castigo celestial, maldición divina o diabólica, sino la combinación de lacras sistémicas y la forma como las taras sociales dominan a los ascendientes hasta llevarlos a ser indiferentes de las inconductas de sus vástagos. La creciente violencia, el rebose de la criminalidad y el desborde de vicios de toda clase guardan relación con una familia dirigida, en su generalidad, por irresponsables.

16.- La desgracia que hoy afecta a muchas familias dominicanas es la suma de la plaga que representa el modelo que padecemos, más las uniones matrimoniales o simplemente sentimentales de personas educadas en la desvergüenza, la desfachatez, la vileza, el impudor, el cinismo, el robo y otras tachas que ligadas entre si lo único que aportan es lo que estamos presenciando: pobreza, criminalidad, violencia generalizada y padres irresponsables.

 17.- Ser padre con sentido de responsabilidad implica preocuparse por educar en el hogar, sobre la base de principios éticos y morales, a los que en el futuro serán ejemplo de decencia, laboriosidad e integridad. El esfuerzo, el empeño y los desvelos de hoy por una adecuada orientación a los hijos van a ser compensados con la satisfacción del deber cumplido. Abandonar el proceder de los descendientes a las costumbres que asimilen en la calle, es una actitud irresponsable que hace a los ascendientes culpables de los actos bochornosos de su prole.

III.- Reflexiones finales

18.- La obligación de bien criar no se cumple con los hijos poniendo a su disposición y alcance todos los gustos. Hay que saber manejar los caprichos de las niñas y los niños para que no se formen la falsa idea de que todo llega por la vía fácil; educarlos y formarlos correctamente no significa hacerlos depositarios de cuantos antojos se les venga a la mente. En cada hogar los padres deben complacer a los suyos conforme las posibilidades económicas del momento. Por desbordarse en los gastos para hacer reír a sus criaturas algunos padres terminan formando lacras sociales.

19.- En los marcos de la responsabilidad compartida, los padres no deben confundir la complacencia con el hijo digno de premio y la tolerancia con el censurable que se ha convertido en un estorbo y afrenta familiar. Sacar del hogar y enviarle a la comunidad un mal educado es contribuir a que el ambiente se contamine con un antisocial que de mala manera e incorrectamente fue educado. Aquel que fue mal hecho en su casa termina siendo un maleante, facineroso, en sí, un delincuente.

 20.- En nuestro país, por esas calles de Dios, se mueven hijos cuyos padres permanecen llenos de culpas por sus irresponsabilidades y porque saben que “el primer cuidado del hombre debería ser evitar los reproches de su propio corazón. El castigo más importante del culpable es nunca ser absuelto en el tribunal de su propia conciencia”. Aquellos que se metieron a papi y mami se han portado irresponsables dañando a sus descendientes convirtiéndoles en peligros sociales.

21.- No se exige de los padres que sean hoscos, ásperos ni mucho menos herméticos. Crear el ambiente familiar amoroso y disciplinado no quiere decir compartir en condición de intratables. Aquellos que dirigen la célula familiar están en el deber de generar amor y comprensión, hacer la vida comunitaria y sociable. Por muy ceñudos que sean los padres no lograrán disciplinar en el hogar si no es enseñando a comprender con dulzura. Amedrentando se mete miedo, no se obtiene la asimilación de las buenas costumbres. “No es la carne y la sangre, sino el corazón lo que nos hace padres e hijos”.

22.- En forma equivocada, algunos progenitores creen que dando demostración de afectos excesivos o sumisión por debilidad paternal van a llegar a tener descendientes ejemplo para la sociedad. La responsabilidad del padre y de la madre no se cumple adulando, festejando ni mimando con hipocresía, sino mediante la correcta orientación que es la que va a servir de guía en las actuaciones de los futuros adultos. Dirigir o encaminar a un hijo o una hija es asesorarlo en lo que debe ejecutar o no; es colocarle en la mente la recomendación adecuada, el encauzamiento que corresponde de acuerdo a las normas de decencia en el medio donde viven.

 23.- En los hogares de nuestro país se hace necesario que el papá y la mamá piensen detenidamente si real y efectivamente están cumpliendo con su responsabilidad de padres; que se concentren y hagan un examen de su conciencia y se formulen la pregunta de si han hecho honor a su compromiso con los hijos y con la sociedad; que reflexionen para saber si han llevado a efecto el cometido que voluntariamente se impusieron ante sus vástagos, en fin, que en cada domicilio los directores traigan a la memoria si sus niños tienen hoy la buena formación para en el futuro llegar a ser ciudadanas y ciudadanos honestos.

 24.- Acomodar la responsabilidad a las circunstancias equivale a someterla a factores coyunturales y a los deseos de los actores. Los padres cumplen con la formación de sus hijos enseñándoles los preceptos que sirven a las directrices éticas y morales. Ejecutar honestamente es llevar de la mano a quien se debe hacer llegar por el buen camino.


Santiago de los Caballeros,
17 de septiembre de 2018.

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