miércoles, 20 de septiembre de 2017

Debemos cultivar los afectos, el querer

Por: Ramón Antonio Veras.


I.- El querer y el medio social

1.-El ser humano alcanza la bonanza material y espiritual; el bienestar, la prosperidad, la alegría y la plena satisfacción cuando nace y se desarrolla bajo un orden económico y social justo.

2.- Es posible formar mujeres y hombres con sensibilidad a pesar de haberse levantado en un medio social que tiene como base la marginación de la mayoría de los integrantes de la sociedad, porque los nobles sentimientos están por encima de las injusticias.

3.- Una persona que se muestra complacida, transmite júbilo cuando tiene espíritu divertido. El que lleva una vida de agrado genera atracción en los demás, porque se da por entero haciendo fácil la armonía y la mutua compenetración.

4.- Aquel que está instruido en el desprendimiento, la magnanimidad y la generosidad, se comporta con desinterés; no conoce la codicia ni la ambición, el egoísmo le repugna y no cae en la avidez.

5.- Es de gran significación preparar al individuo para identificarse con aquellos que necesitan del calor humano. De ahí que importa preparar a los futuros ciudadanos y ciudadanas como entes sociales activos y pensantes, con sólidos principios éticos, morales y actitud para cumplir voluntariamente con deberes sociales.

6.- Es una necesidad contar con personas que tengan como norma de vida hacer suyas las legítimas aspiraciones de los que componen la mayoría de la comunidad. Se siente realizado aquel que supedita su existencia a llevar a efecto las convicciones que libremente ha abrazado.

 7.- Es bueno que el niño dominicano comience a formarse como persona de alma noble; maravilloso en sus actuaciones; digno de ser admirado por el trato amoroso que dispensa; porque fascina con la delicadeza que se maneja en busca de hacer sentir alegre a sus semejantes.

8.- Las relaciones humanas son fructíferas cuando resultan del espontáneo querer que está fijo en el corazón y en la conciencia de quien fue preparado para expresar cariño, aprecio, sana estimación, y hacer sentir a los otros apreciados, muy queridos.

9.- La inclinación a la querencia está alojada en lo más profundo del sentir de quien es amoroso. El querendón siempre está apegado aportando dulzura, siendo mimoso y dándose a querer por la atracción que motiva su trato agradable. El que impulsa predilección prueba que se entrega con dilección para ser amado por aquel a quien le ha demostrado sincera estimación.

10.- Transmitir simpatía a las personas hace ver bien al que la practica; y en su comunidad gana cariño por su trato ameno. El que encanta con su proceder lleva alegría y espanta la tristeza que daña el buen humor y marchita el estado de ánimo.


II.- Está haciendo falta querer al ser humano

11.- En nuestro medio está haciendo falta la persona con gracia, de ingenio, que rompa la rigidez. La actitud de hiel no trae euforia; por el contrario, la posición del malhumorado demuestra ser mala hostia.

12.- Conviene que hoy nuestras niñas y niños sean educados para que mañana demuestren que en su interior hay un corazón para levantar ánimos a los abatidos, apenados, entristecidos y desolados, porque provienen de hogares de padres optimistas, satisfechos de la vida por el deber cumplido y por tal razón procrearon descendientes entusiasmados, llenos de triunfalismo.

13.- Debemos de esforzarnos para llegar a tener un país placentero, compuesto por personas que sirvan para deleitar, cautivar por ser francos, abiertos y entretenidos; que somos gratos y de buen vivir; y siempre listos para complacer y alentar con suavidad.

14.- En la medida que probamos saber servir a los demás, demostramos que por encima de las dificultades que padecemos en lo económico y social, estamos hechos para comportarnos compasivos, de buen corazón; que cada uno de nosotros es, algo así, una alma de Dios, un cacho de pan; que no tenemos sentimientos aviesos.

15.- Por muchos vicios que se hayan apoderado de nuestros paisanos, debemos fijarnos la idea de que reunimos las condiciones para tener y disfrutar el país por el cual hemos luchado y merecemos; que vamos a sentar las bases para tener el ser humano admirable, bonachón, cordial y de buena pasta.

16.- El ambiente donde vivimos hoy no es un jardín de rosas, ni un paraíso terrenal. Pero en este medio debemos levantarnos todos aquellos que confiamos en la potencialidad, la firmeza y decisión de salir adelante para así cumplir con nuestro deber como luchadores contra la injusticia, para alcanzar lo justo.

17.- No debe estar en nosotros darnos por vencidos; demostrar inconstancia; ponernos de caprichosos; exhibirnos como si fuéramos veleidosos e incapaces de derrotar la ligereza y todo aquello que nos afea como país de personas luchadoras, emprendedoras y laboriosas.

18.- Sin importar lo bochornoso y lamentable que se presente la situación de un país, finalmente sobresale el decoro de los resueltos, la decisión de los honrosos y la dignidad de aquellos que confían que mil días se condensan en una hora, cuando los pueblos accionan indignados por la acumulación de bochornos, descaro y desvergüenza.

III.- Llenarnos de optimismo para cultivar querer

19.- Estamos obligados a llenarnos de optimismo, y razonar en el sentido de que no todo está perdido; que este es un pueblo que no está abandonado a su suerte, porque no todos somos viciosos, libertinos, degenerados y sinvergüenzas.

20.- Los padres en el hogar y los profesores en las escuelas, deben contribuir a que las niñas y los niños hagan suyos los lineamientos para llegar a ser adultos con formación dirigida a querer a los demás sin importar género, condición social, etnia o criterio ideológico.

21.- Todos aquellos órganos familiares o públicos que incidan en la formación educativa están en la obligación de idear, concebir, pensar cómo pueden influir en la conciencia de los jóvenes para que en ellos se quede el ideal, el deseo, el sublime objetivo de querer a sus semejantes. Es necesario, sumamente saludable que el ser humano haga suya una especie de doctrina de tener cariño.

 22.- La sana voluntad de los que aquí aspiran a vivir en una colectividad que procura la comprensión, la tolerancia y la condescendencia, debe ser aceptada; darle la bienvenida; hacerle un recibimiento animado, para que esa intención se extienda a otros que tienen igual pretensión beneficiosa y edificante.

23.- Cualquier manifestación de buenos sentimientos hay que aplaudirla, rendirle culto, glorificarla, para que sirva de motivación positiva. De estímulo a ser imitada por aquellos que tienen el convencimiento de que en nuestro medio está haciendo falta el pronunciamiento, el llamado a lo que crea emoción, sensación y animo sincero, dejando ver con palabras y acciones el buen corazón; la buena voluntad, el agradable propósito de querer, y no aborrecer.

24.- Debemos saber que cuantas veces nos dirigimos a alguien con buenos modales, estamos mostrándole lo que somos y el elegante comportamiento de que es merecedor. Nuestros gestos dicen la educación que tenemos, la instrucción que recibimos en el hogar, y la correcta asimilación de lo que aprendimos en la escuela.

25.- A diferencia de como actúan los alicaídos, tristes y desalentados, aquellos que desean demostrar sincero querer deben dar sensación espontánea de sentirse bien, contentos y felices, para que así su bonanza sea bien recibida por aquel que se le quiere hacer saber que es estimado, y se le distingue porque su persona causa alegría.

26.- Ningún ser humano está preparado anticipadamente para odiar, aborrecer o fastidiar; por el contrario, está presto para demostrar simpatía, afectos. La tendencia de la mujer o el hombre es a dar cariño, no a mostrar antipatía.

IV.- Por encima de las diferencias nuestros corazones mandan a querer

27.- Lo que conviene a nuestro país es que cada quien sin renunciar a sus opiniones, haga suya la idea de que las desavenencias ideológicas, la división clasista y la desarmonía de pensamientos, no deben guiarnos al choque agraviado, a la enemistad odiosa ni al antagonismo insalvable. La discusión áspera lleva a perder la razón y quita el deseo de querer.

28.- Existen diferentes formas de ponerle fin a una disputa de la naturaleza que sea, sin necesidad de herir al adversario. Los dimes y diretes no están por encima de los sentimientos que debemos tener siempre en nuestro corazón y que nos mandan a comportarnos con generosidad y nobleza, rechazando todo lo que sea vileza, ruindad e innobleza.

29.- Si nos sentimos lesionados por los términos agraviantes lanzados por un contendor, el desquite, el despique no debe llevarnos a aturdirlo sacándolo de quicio; desacreditándolo, inquietándolo con desprecio, palabras odiosas y afrentosas; actuando con tirria, rabia y malquerencia.

30.- Si estamos formados para actuar como si nada ante las reacciones rabiosas de los iracundos, violentos y atribulados, cualquier ocasión es oportuna para poner en práctica la indiferencia, con la que probamos estar por encima de bellaquerías, fábulas, filípicas, ataques desorbitados y desmesurados.

31.- A los que aquí son duros de corazón debemos de tratar de humanizarlos haciéndoles saber que la sociedad quiere tenerlos en su seno, pero siendo dulces, sensibles, condescendientes, comprensivos, solidarios, bondadosos y listos para querer a sus congéneres en la comunidad.

32.- En nuestro medio, y particularmente en el debate político, sin mencionar palabras, y solo en los gestos, se observa que los contendientes recurren a todos los métodos  posibles para agredir, hostilizar y de cualquier manera agriar, acidificar al competidor.

33.- En algunos políticos del país, el rostro adusto, el lenguaje mordaz y el trato agresivo demuestran que en la discusión, con las palabras y las críticas,  buscan agrietar, resquebrajar, no convencer; y mucho menos los términos son empleados con consideración, sino para hastiar, jorobar, en sí, incordiar para hacer sentir mal, perdiendo así el sentido de agradar, de querer.

34.- Lo que pinta la realidad del país es que se ha perdido el aguante, la paciencia, la comprensión y la tolerancia, y su lugar ha sido ocupado por la impaciencia, el proceder brusco; la arremetida ciega; la aspereza dirigida a perjudicar sin contemplación de ninguna clase.

35.- Se impone que los sectores más sensatos reclamen, demanden, pidan que cese el odio y los enconos; que la repulsión gratuita no siga siendo algo normal en el ambiente nacional. La ojeriza y la rabia, se han colocado sobre el afecto, el cariño.

36.- Hay que hacer que prevalezca el querer para que desaparezca el trato despectivo, ultrajante e injurioso; y cuantos calificativos se utilizan para faltar el respeto, hacer sentir herido, levantar ronchas al adversario y a sus relacionados, sin importar que sean amigos, compañeros políticos o familiares.


37.- La falta de querencia está facilitando lo que daña a las personas. Pero de todas formas hay que seguir con la creencia de que triunfará el querer.

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