martes, 2 de agosto de 2016

La política clientelar en nuestro país

Por: Ramón Antonio Veras.


I.- Sociedad y política clientelar

1.-  Ninguna persona puede ser juzgada en su accionar  sin antes  tomar en consideración su ubicación de clase social,  y el ambiente en el cual desarrolla sus actividades;  el aislamiento no cuenta para analizar un fenómeno social cualquiera, siempre hay que partir de lo que representa la colectividad, la sociedad humana.

2.- La decisión de un individuo  a inclinarse a una posición, tomar una actitud, o comportarse en una  determinada forma,  es el resultado de factores diferentes que influyen en su conducta  al momento de actuar o abstenerse de obrar. La participación, la intervención no está desvinculada de una realidad, de un entorno.

3.- Las taras sociales, los vicios presentes en un medio específico no surgen por mandato divino,  ni por decisión personal individual.  Las impurezas se alojan en un  cuerpo social como  consecuencia del deterioro de  su base y superestructura, lo que determina  el agrietamiento ético y moral de la generalidad de los miembros de la sociedad.

4.- La imperfección,  la irregularidad en el accionar político de los dominicanos  y dominicanas, desde el punto de  vista de la decencia, no lo podemos ver al margen del sistema social bajo  el cual estamos viviendo.

5.-  La política clientelar  nace y  se desarrolla en un medio social deteriorado en el orden  económico, ético y moral, y en el cual está ausente la sana conciencia, el buen entendimiento, el correcto discernimiento,  el sentido de honor y decoro. La inconsciencia es caldo de cultivo para el  político clientelista.

6.- El clientelismo echa raíces en un ambiente en el que se reduce al ser humano,  porque  se  rebaja el que hace de donante, como el que se humilla como donatario. El actor clientelista  disfrazado de humilde demuestra desfachatez y simulación, a la vez que modifica la conducta de los que intervienen en la operación clientelar.  Deshonrar es de la esencia de la politiquería sin principios, porque conduce a la ignominia, abyección y vejación.

7.- En la  politiquería clientelista  que se hace  en nuestro país,  muchas personas son captadas sin el mayor esfuerzo y con la menor inversión, por el  estado de postración, aplanamiento y abatimiento que se encuentra gran parte de la población. La debilidad a nivel de conciencia política  guarda relación directa con la opresión social y la desigualdad de oportunidades.

8.- En la politiquería de clientelismo,  desempeña papel predominante  el que tiene posibilidad de hacer  la función  de auxiliador, mediador oportuno. El patrocinado se debe a quien lo apadrina, y  en todo caso lo acoge para defenderlo;  el favorecido con el regalo proveniente del politiquero, no tiene opción,  porque su mente está cautivada; lo que recibe en donación  lo debilita mentalmente, lo cambia de eficiente a apático, de  enérgico a decaído, de fuerte a enclenque, de autentico a falso. Luce un individuo descabezado,  desilusionado, diluido en lo absoluto.

II.- El daño que genera en el alma popular  la política clientelar

9.- Si  los que pusieron en práctica la política clientelar tenían  como objetivo dañar a amplios sectores de nuestro pueblo, pueden decir a boca llena que lo han logrado, porque son notorios los efectos nocivos que ha hecho surgir  esa forma  de accionar en el ambiente político nacional.

10.- El político dadivoso aparente hace una inversión con lo que entrega simulando desprendimiento, y el que recibe el donativo queda atrapado en la red tendida con el regalo como carnada. La donación se convierte en un  legado que marchita, con el agravante de que la víctima no entiende la  urdimbre, la celada que se le preparó con el obsequio.

11.- El que acepta  una dadiva con ribetes políticos resulta altamente perjudicado, aunque  de inmediato no se da cuenta del  estropeo de que está siendo objeto  por el menoscabo a su persona, ya que   su voluntad es limitada y la  libertad  de pensar queda atrapada al aceptar la donación.

12.- El clientelismo conduce a la simpatía condicionada, al aniquilamiento del libre pensamiento,  y  destrona la decisión a elaborar proyectos  para salir adelante. El poseedor de iniciativas   se convierte en tímido, perezoso e indolente. Una vez la política descansa en favores, ayuda o beneficio de cualquier naturaleza, los beneficiarios dejan  de ser agentes promotores de cambios sociales para convertirse en personas privadas de pensamiento propio. El favoritismo crea agradecimiento, predilección ciega a quien hace  posible el trato de favor. El asistido responde a quien lo ampara.

13.-  Capturada la voluntad del ciudadano o la ciudadana mediante una atención  material o  un gesto de aparente fineza,   en lo adelante su estado de ánimo  se torna débil,  listo para ser dominado por aquel que se presenta como muy generoso, pero  que no es más que un  aprovechador politiquero. El beneficiado por  el favor  flaquea,   inmediatamente está entregado, es un  ente alicaído.

14.- El clientelismo siembra en la conciencia de las masas populares la falsa idea de que son desventuradas, que  les espera un futuro traumático, y  que deben confiar solamente en quienes las protegen  con agasajos ocasionales; elimina de la conciencia popular todo signo esperanzador, momentos halagüeños y optimismo.

15.- El condicionamiento que crea  el clientelismo, arrebata a las masas su deseo de luchar; y las  induce a no confiar en los cambios sociales que requiere la sociedad para el bien de todos y todas. Ellas llegan a creer que han sido condenadas a permanecer envilecidas eternamente para recibir el regalito envenenado y ponzoñoso que las intoxica.

16.-  La persona dominada por el clientelismo  se hunde en el desprecio  porque se ve apabullada por lo que recibe y apenada en su interior  porque se le derrumba por completo el orgullo personal, al sentirse prototipo de escoria social, un espécimen badil, la bagatela de la politiquería, la minucia del medio político.

17.- Una vez el clientelismo   sirve para contaminar la conciencia de los individuos se convierte en un aliado para corromper y pervertir,  orientado siempre al mantenimiento del oscurantismo político, y por vía de consecuencia el statu quo.

18.- En la medida que la politiquería clientelar pinta  al pueblo lo nefasto, fatídico y siniestro, también le hace creer que lo único posible,  favorable y conveniente para su presente y futuro es mantenerse atado a la política de favores, porque  siendo mimado y favorecido con obsequios siempre  estará  en buenas,  supuestamente en igual condición económica y social que su protector.

19.- La política clientelar hace daño a la lucha democrática, porque quita a los hombres y mujeres del pueblo confianza en sí mismos,  induciéndoles al fatalismo, derrotismo y conformismo. Les hace  creer que su dicha y porvenir depende de favores, de que se conviertan en queridos de cualquier politiquero.

20.- El clientelismo conduce a las masas a la desilusión, a desalentarlas para que permanezcan  arrodilladas  esperando las migajas  que les tiran  los que controlan el poder. A esa política desesperanzadora  hay que responderle  incentivando a los afectados, estimulando a los lesionados, motivando al pueblo para que se libere  de toda clase de  desigualdad,  así como  de las ataduras   que ponen  los partidos del sistema impidiendo  la movilización de las masas populares.


III.- Generalidades del clientelismo politiquero

21.- En el clientelismo   no toda persona  puede manejarse  con soltura, porque ese fenómeno tiene componentes cambiantes en su precio. A veces el que se vende se cotiza caro, y la inversión llega a  onerosa. De ahí que  la mercancía política deseada llega a ser gravosa, y en ese caso se dice que conseguir el voto de fulano  de tal  cuesta como un ojo de la cara,  aunque  para un  dispendioso nada es nada.

22.- En algunas ocasiones el clientelismo  debe hacer una fuerte inversión para satisfacer sus pretensiones politiqueras, aunque en un  mercado moralmente devaluado como el  que existe hoy en el país todo depende del  momento. La necesidad y la doblez de conducta fija el precio de quien se vende.

23.- En la medida que la sociedad dominicana se hace más cochina políticamente hablando, el mercado de clientes   políticos abunda,  y se afinca hipocresía, duplicidad y disimulo. La indecencia y el descaro favorecen la adquisición  de mercancías políticas menospreciadas.

24.- El que se mueve en la política clientelar  tiene que estar preparado para tratar con sujetos inestables emocionalmente, de comportamiento desequilibrado; prestos a columpiarse, moverse de un  precio medio a uno bajo, de creerse trascendental o insignificante, de venderse como  de oro a cobrar como de cobre. Llegar a creerse  en el grado de sustancioso,  y transarse como una vulgar inanidad, minucia reducida a la nada.

25.- Aquellos que ejecutan el clientelismo   no requieren de méritos para incidir en la política; les basta la mercancía dinero para hacer favores políticos, convirtiendo a amplios sectores de la sociedad en acólitos, ciegos adláteres  de quincalla, cobistas sin conciencia

26.- El clientelismo  ha hecho posible que el accionar  político dominicano se nutra de grupos insignificantes y  proceder dudoso, lo que ha espantado a las personas descollantes, prominentes  en sus círculos laborales y sociales. Conviene a la politiquería clientelar colocar en igual plano de  respeto y consideración al que oscila, pasa de un extremo a otro, que aquel que  permanece firme, aferrado a sus principios, y nunca da muestra de ser una moneda política fraccionaria.

27. El objetivo de los políticos clientelistas es venderse como adivinadores y magnánimos; les hablan al pueblo del futuro feo que le espera, a la vez que se presentan como santos políticos que han llegado al mundo para ser  protectores, cargados de benevolencia, armados de hidalguía y gran nobleza, y que como esplendidos siempre estarán al lado de los necesitados.

28.- El político curtido en el clientelismo  se presenta como ángel llegado del cielo, un  bendecido de Dios y alma del señor;  que orina agua bendita y que,  por tanto, no  tiene nada de perverso. El seria, algo así, como un querubín que merece ser mimado.

29.- Aquellos que hacen política de clientelismo  han de  estar    armados de una actitud esquiva, listos para evadir; sortearse como serios  o vagabundos; dispuestos a dar el  frente o evitar cualquier confrontación; con la mente puesta para accionar firme e invariable, o voluble e inseguro.

30.- El clientelismo,   formando  parte del mundo comercial, tiene su lenguaje adecuado; de ahí  que es común escuchar palabras vinculadas a esa actividad lucrativa, como oferta, demanda, reducción de precio,  queja por alto costo, súplica para reducción de paga, solicitud de prórroga para cumplir, así como otros términos de operaciones bursátiles.

31.- En la medida que el clientelismo predomina en la politiquería, los grupos carentes de valía bajan más y más hasta llegar a ser vistos como agachados permanentes; y por más que pretenden subir se recortan en su baja estatura moral. Los pigmeos políticos jamás llegarán a ser espigados, porque  el material humano del cual están formados solo tiene solidez para aguantar a un achaparrado, un retaco.


Santiago de los Caballeros,
1 de Agosto de 2016.


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