lunes, 18 de julio de 2016

Los partidos tradicionales y las movilizaciones

Por: Ramón Antonio Veras.

Introducción
El día jueves  30 de junio de 2016, fui invitado  por el Foro para la Reflexión,  a un panel sobre  “Democracia y Proceso Electoral”. En el curso de mi exposición dije, entre otras cosas,  que  los partidos tradicionales del país   están en la imposibilidad de  realizar movilizaciones populares de contenido político y social.  Mi opinión fue refutada por algunos de los asistentes,   bajo el argumento de que con  el planteamiento que había hecho    contribuía a la desmovilización. Le contesté de inmediato,  y mediante este escrito  hago una más amplia motivación  al criterio expuesto 


I.- Los partidos políticos del sistema temen a las movilizaciones

1.-  Está equivocado el que cree que un  partido político se forma para ocupar un lugar en el espacio y ser  aplaudido;  que  es un club social o una  agrupación de personas en procura de hacer en común labor de filantropía. Pero nada de eso;   el partido es una asociación que expresa los intereses de determinadas clases o capas sociales,  creado  para encaminar sus pasos a la conquista del poder y  dirigir la sociedad.  No se identifica como defensor de una clase, sino de la comunidad entera, para  hacer creer que su existencia es para bien de pobres y  ricos,   de  los de arriba y  de los de abajo. La verdad es que  oculta su verdadera esencia de clase para confundir a las masas populares.

2.- Los partidos constituidos  para proteger un sistema que favorece a las minorías,   propugnan por conservar el orden establecido, aunque  no  se definen como tales fines. A veces  se disfrazan de paternalistas llegando a estimular la repartición de migajas para acallar las protestas de las víctimas de la explotación.

3.- En nuestro medio, las organizaciones del sistema conocidas también  como tradicionales, poseen sus  programas y métodos de trabajo  que responden a la ideología de las clases sociales que lo  forman,   y tienen como objetivo alcanzar el poder del Estado,  y el  mecanismo para lograrlo son los procesos electorales. En su afán por conseguir el favor de los votantes diseñan las más variadas formas  de captación de la voluntad de los posibles sufragantes. En los marcos de las campañas  nada  quita que los candidatos promuevan movilizaciones.

4.- En periodos electorales es de gran satisfacción para los partidos tradicionales, que las masas respondan a sus llamados movilizándose por calles y avenidas, o verlas concentradas en plazas públicas escuchando los discursos de los candidatos. Pero ojo, hasta ahí.

5.- Una vez concluye el proceso electoral, los dirigentes de las estructuras del sistema quieren que las masas populares permanezcan tranquilas, sin ocuparse de nada relacionado con política,  hasta que nuevamente vuelva otra campaña electoral.

6.- Las organizaciones tradicionales sólo toman en cuenta al pueblo cuando les conviene legitimar el sistema por medio de los procesos electorales. Después de las  campañas, los grupos políticos conservadores no quieren movilizaciones ni por asomo, se muestran intranquilos, en zozobra si ven al pueblo agitado.

7.- Las corporaciones del orden establecido, una vez  logran su objetivo de  legalizar las instituciones del Estado por medio del  voto,   en lo adelante lo que les conviene  es la  inactividad, la pasividad, la apatía del pueblo hacia la política; que desaparezca el dinamismo, la inquietud que había mostrado en el  curso de los comicios, concluidos los cuales esos organismos  entran en una especie de reposo, cambian de actitud;  ya no  quieren nada de ruido, de algarabías, ni mucho menos movilizaciones de masas.

8.- Las entidades  del sistema se sienten temerosas, muy asustadizas cuando les hablan de movilizar al pueblo; se tornan tembleques desde que escuchan que las masas populares van a movilizarse, se sienten con el alma en un hilo si saben  que se efectuarán   acciones públicas.

9.- Mientras las masas se mantienen  quietas todo marcha bien para el sistema. Permanecer serenas, armadas de paciencia, entregadas a lo que Dios quiera, hace sentir bien a los aprovechados del orden establecido.

10.- El  ente conservador  no quiere que nada le estorbe su funcionamiento; trata de que  no aparezca algo que llegue a entorpecer, obstaculizar la marcha normal del orden  establecido  que necesita  tranquilidad, paz social para seguir su misión explotadora.

11.- El cuerpo social  dominante está contra todo aquello que pueda causar un cambio, una modificación del sistema. De ahí que es celoso, no acepta que nadie venga a revolotear  el medio social, quiere que sea espantado  lo que cause  revuelo.

12.- A los principales dirigentes de los organismos del sistema se les ve dar diente con diente, cerrar los ojos, cuando presencian una acción de masas, el pueblo en la calle reclamando,  exigiendo reivindicaciones. No están preparados para ser testigos de semejante vía de lucha social, porque fueron creados para el mantenimiento  del orden establecido,  no aceptan cambiarlo porque la transformación va contra sus intereses, y el pueblo movilizado representa un peligro para que persista  el dominio de sus adversarios.


II.- Las movilizaciones de masas
13.- En países con  estructuras económicas como el nuestro,  donde un  puñado de hombres y mujeres controlan el poder, el pueblo está representado por los trabajadores del campo y la ciudad, las capas  medias,  intelectuales de avanzada y  sectores de la burguesía no ligados a los monopolios extranjeros. Los ideólogos del sistema saben que la fuerza del pueblo reside en su movilización con  la que demuestra inconformidad, y no resignación ante la opresión.

14.- Los partidos de la minoría nacional están interesados en que se mantenga el sistema que garantiza el statu quo,  para que todo siga igual,  sin modificación alguna que pueda favorecer al pueblo. Sustituir, o de cualquier forma reemplazar el orden actual,  lesiona a los que son menos en la sociedad dominicana.

15.- El pueblo tranquilo, con signos de entrega  no  significa nada,  carece de influencia. Por el  contrario,  se observa vigoroso, activo, altamente pujante,  demuestra energía cuando está accionando política y correctamente orientado; se revela con dominio y real poderío movilizado,  dando  demostración de pleno vigor. Sólo así se puede hablar de que el pueblo es poderoso, recio, con capacidad de demostrar su entera energía.

16.- Cuantas veces las masas se mueven políticamente bien dirigidas, logran sus objetivos; impulsarse, sacudirse, removerse hacia lo que es de su provecho, guía a los que en cada país son  los más, el pueblo, al triunfo, a innovar el medio social.

17.- No es lo mismo estimular a las masas oprimidas y burladas a que estén caravaneando en procesos electorales, que exaltarlas, incitarlas para que vean materializadas sus más sentidas aspiraciones, logrando así transmutar la correlación de fuerzas.

18.- Lo que sirve de motor, de causa movilizadora al pueblo, son  sus legítimos intereses.   Su  acción es noble porque  es por el bien de las mayorías; con su movilización cambia el atraso por el avance y lo  individual por lo colectivo.

19.- Es correcta la movilización para el pueblo cuando se le explica  la razón por la cual debe accionar;  si se le enseña el método correcto que debe ser aplicado en la ocasión  para que tenga éxito en   su empresa. Las masas tienen que ser dirigidas con conciencia,  no tomarlas como cosas, poniéndolas a dar vueltas detrás de un caudillo.

20.- Las masas despiertan, adquieren  la conciencia necesaria y se hacen dueñas  de su destino desde el momento que por  convicción infunden energía y combatividad,  lo que les  permite despertar en la política para tomar caminos liberadores.

21.-  Cuantas veces las masas movilizadas toman las calles, tienen éxitos y avanzan hacia la conquista de amplias y nuevas victorias. La realidad demuestra que el avance,    la acción del pueblo  paraliza la prepotencia de los grupos de poder.

22.-   Es una verdad histórica comprobada que cuando las mayorías están  movilizadas, realizando manifestaciones  públicas,  sus enemigos tradicionales tienden a replegarse y  luego,   miedosos,   responden con reformas destinadas a remendar el sistema en las áreas más deterioradas, procurando así calmar a los oprimidos.

23.- Las expresiones  populares conjuntas sirven para las masas  demostrar la unidad de acción y propósitos, así como también ponen en evidencia sus  potencialidades para librar batallas de más amplio contenido social y político, algo que sólo puede estar dirigido por una organización o un partido con una política que reconozca como necesaria y correcta la lucha y movimiento de los hombres y mujeres del pueblo.


III.- Los partidos del sistema son contrarios al pueblo movilizado

24.- Los partidos que tienen por finalidad que prosiga el estado actual  de opresión contra el pueblo, son contrarios a las  movilizaciones porque les conviene preservar  el estado actual  y que sea aceptado sin resistencia alguna. Además,  las acciones de masas obligan a las minorías a hacer concesiones a favor de las mayorías.

25.- Cualquier movimiento de los de abajo es visto como una turbulencia por el grupo que está arriba disfrutando de los  beneficios que genera el poder político, y se siente amenazado  con los movimientos sociales.

26.- Es algo peligroso para el sistema que predomina en el país, que aquellos que representan  las grandes mayorías, rompiendo los lazos que las atan  a los partidos tradicionales, se pongan en actividad política y social demostrando  sus potencialidades. El desplazamiento de las masas, con objetivo político y social,  motoriza  los cambios que requiere la sociedad dominicana.

27.- Los hombres y mujeres que deciden movilizarse   sin tomar en cuenta los partidos  del sistema, dan prueba de su deseo  de construir  el futuro suyo y de todos los afectados por el ordenamiento económico y social actual que genera desigualdad en perjuicio de los que se llama pueblo dominicano.

28.- Es legitima la movilización del pueblo dominicano para alcanzar  un nuevo amanecer desarrollando acciones sin ataduras politiqueras,  soltándose de las ligazones  que ha mantenido con los partidos que juegan a la politiquería para conservar los irritantes privilegios  que históricamente  han lesionado a lo mejor del país.

29.- Solo el pueblo movilizado  tiene capacidad y posibilidad   para hacer efectivas sus reivindicaciones, porque posee las condiciones    necesarias para,  sin limitación alguna,  llevar hasta las últimas consecuencias  la lucha emprendida. Su accionar por causas justas  no tiene límites y da demostración  de gran poder porque con su empuje  hace añicos   el bloque de sus adversarios.


IV.- Los partidos del sistema están impedidos  de  movilizar al pueblo

30.- Los partidos políticos tradicionales, aquellos que aquí representan a las clases sociales en decadencia, y han  controlado el poder político luego de la desaparición física de Trujillo, no están en condiciones  de motivar, o de cualquier forma estimular a las masas populares a movilizarse reclamando derechos políticos y sociales, porque de hacerlo así conspirarían contra sus intereses, que son los mismos  a  los cuales hacen oposición los que movilizados impugnan.

31.- Es un contrasentido, una sin razón,   que las organizaciones  que hacen posible el mantenimiento  del actual orden económico  decidan  apoyar con movilizaciones demandas  que conducen  a cambiar  el sistema que,   por apego a sus ventajas particulares,  han mantenido invariable  en perjuicio del pueblo.

32.- Es impropio de un partido de las  clases dominantes respaldar  acciones  públicas de masas que tienen por objetivo sacar del poder a los que lo detentan  para beneficio propio,   y de grupos minoritarios que se oponen a cualquier modificación de las  arcaicas estructuras que asfixian a la mayoría.

33.- Los partidos de la minoría nacional que se aprovechan de las inactividad, quietud e inamovilidad de las masas populares, de un momento a otro no van a provocar dinamismo en ellas, a sabiendas  de que con semejante proceder se convierten en sus propios sepultureros. Las clases  no se suicidan, jamás llegan a inmolarse  por capricho, ni abandonan  el escenario voluntariamente.

34.- Partidos políticos estructurados  para hacer politiquería, están incapacitados a motivar al pueblo  a luchar por cambios verdaderos;  demuestran impotencia para accionar a los fines de que  los afectados por el presente régimen  tomen las calles  en busca de hacer realidad sus demandas.

35.- Los intereses  a los cuales están vinculadas  las organizaciones políticas tradicionales, las  inhabilitan  para vincularse con el pueblo movilizado; es algo quimérico pensar  que un partido que tiene por base un programa político  que santifica el orden establecido, pueda guiar a las masas a movilizarse  para cambiar la realidad actual.

36.- A  las agrupaciones políticas  preocupadas  por la conservación  del orden establecido,  conviene el quietismo de las masas;  procuran  verlas estacionarias, sosegadas, envueltas en el marasmo  de la politiquería clientelar. La movilidad, la aspiración  de cambio  por parte de los hombres y mujeres del pueblo,  aterra  a los que disfrutan de las ventajas  del sistema.

37.- La excitación de los golpeados por el presente orden económico, hace morir de miedo,  pone a temblar, con los pelos de puntas a los dirigentes de los partidos fabricados para engañar al pueblo mediante la politiquería   de dádivas.  Los politiqueros pegan el grito al cielo,  se llenan de espanto, quedan impávidos  cuantas  veces   observan en forma activa movilizados a los  oprimidos  levantando sus banderas de liberación de toda clase de opresión.

Reflexiones
a.- En la sociedad dominicana,  por su naturaleza policlasista,  proliferan partidos políticos que,  aunque con nombres diferentes, representan los intereses de las clases dominantes, de la minoría nacional.  Aquellas organizaciones políticas dirigidas por grupos curtidos en la marrullería, son incapaces de impulsar acciones de masas en interés de la mayoría. Los movimientos democráticos solo pueden  surgir de los sectores con visión de futuro, dispuestos a romper con el pasado y construir un orden nuevo en provecho de lo que  en verdad se llama pueblo.

b.- La movilización  popular solamente puede ser comprendida, aceptada y llevada a la práctica por  partidos  no comprometidos  con el mantenimiento de  caducas estructuras que representan la opresión de las mayorías. La vida  enseña que en los movimientos voluntarios de masas está el germen de los grandes  cambios sociales que van  en consonancia  con los deseos del pueblo en general.

c.- Movilizar al pueblo para que  haga efectivas sus conquistas, nunca puede estar en los planes de los partidos que representan a los que se nutren, precisamente, del sudor de los oprimidos, como tampoco    pueden  coordinar movimientos que tengan por finalidad cambiar la situación de penurias de las masas desposeídas, de los  marginados de la sociedad. Partidos diseñados para estar en el juego de la politiquería, jamás van  activar al pueblo para que  movilizado modifique el orden actual que sirve de base de sustentación y operaciones a la politiquería y el engaño.


Santiago de los Caballeros,

18 de julio de 2016.

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