jueves, 10 de marzo de 2016

A los 69 meses de la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi


Por: Ramón Antonio  Veras.

1.-  El accidente es algo que escapa a la voluntad  en la vida de los seres humanos; es un contratiempo no esperado ni querido,  un suceso hijo de las circunstancias. Lo  imprevisto no está dentro de los cálculos posibles, es lo casual.

2.- Para mi hijo Jordi Veras, la tentativa de asesinato ejecutada en su contra el 2 de junio de 2010, fue un percance, una  casualidad; el salió de su hogar hacia su trabajo matinal, y al llegar a su destino encontró la acción criminal que había planificado la asociación criminal que acordó matarlo.

3.- Lo que para Jordi,  resultó ser pura casualidad, el operativo de los sicarios que lo esperaron al entrar a su centro de trabajo con el fin  de asesinarle para éstos, ya era algo pensado, debidamente premeditado; aquellos que hicieron la emboscada a mi hijo  tenían todo minuciosamente pormenorizado, puntualizada la persona de Jordi,  la hora y el lugar de trabajo, y cuál  de los asesinos apretaría el gatillo para que salieran las balas que hicieron impacto en la cara de Jordi, la víctima.

4.-Jordi, el lesionado con el daño causado por la asociación de criminales pagados por Adriano Román, no había previsto que, además de ser el perjudicado  por  la banda de sicarios y el que la pagó, también llegaría a convertirse en víctima de las debilidades del sistema judicial.

5.-  Jordi no escogió la vía de la justicia ordinaria para decidir legalmente sobre la culpabilidad o no  de sus verdugos, sino  que fueron  estos mismos asesinos que con su acto punible, vituperable, se hicieron  merecedores de pagar con una sanción penal por  su acto criminal.

6.- Durante 69 meses,  lo único que ha hecho Jordi  es reclamar justicia, además de que  ha tenido que sufrir la burla de los asesinos a la justicia, y las debilidades de los mecanismos que rigen el proceso penal del país.

7.- Por muy tranquila, inofensiva y pacificadora que sea una persona, en ella la tolerancia, la  paciencia tiene sus límites, y es cuando considera que se le niega su  legítimo derecho a que se haga justicia. Luego de más de  69 meses  de haber sido lesionado, y  después de 44 reenvíos, la mucha  calma, el estoicismo  cede   ante el enojo, el aguante desaparece,  la conformidad se  torna insoportable.

8.- Debo confesar que como padre fue sumamente doloroso, altamente lastimoso, el día 23 de febrero próximo pasado,  ver a mi hijo Jordi, en forma piadosa, con mucha conmiseración, solicitarles   a los jueces de la Cámara Penal de la Corte de Apelación de Santiago que, no importa el fallo, pero que conozcan el asunto.

9.- Desde el mismo día de la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi, he dicho, y reitero, que quisiera ser el último padre que tenga la obligación de darle seguimiento a un proceso penal relacionado con un miembro de su familia, y peor aún, cuando,  como  el caso que me atañe, haya sido que mi descendiente fue mandado a  matar por cumplir, seria y responsablemente, con su  profesión como abogado.

10.- Nuestra familia ha sido sumamente paciente esperando que la justicia impere; con entereza y tolerancia hemos demostrado mansedumbre. Seguiremos poniendo en práctica la perseverancia que nos ha acompañado desde que ocurrió la tentativa de asesinato contra Jordi, con el convencimiento de que en la medida que reclamamos se haga justicia en el caso que nos afecta, contribuimos a que lo mejor de la sociedad dominicana no se frustre y crea que estamos viviendo en una sociedad sin garantías de vida  ni de bienes, donde la delincuencia se ampara en legalismos para burlar la sangre de la víctima y el dolor de sus seres queridos.

Santiago de los Caballeros,
2 de marzo de 2016.




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