viernes, 4 de diciembre de 2015

A los 66 meses de la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi



Por: Ramon Antonio Veras.

1.- La tentativa de asesinato de que fue objeto mi hijo Jordi, el 2 de junio de 2010,  por más de cinco (5) años me ha  obligado a estar presente ante los tribunales, en todo el curso de los  diferentes procesos  en primera instancia y en apelación.

2.- Precisamente ahora, en estos momentos,  cuando el sistema judicial del país ha motivado  duras críticas por denuncias de corrupción, con toda franqueza  debo decir que en el  caso de mi  hijo Jordi, el material humano que ha  estado conociendo el expediente, como jueces o representantes del ministerio público, ha dado demostración de honestidad.

3.- Aunque el aparato judicial está deteriorado, los magistrados reconocidos como  íntegros deben  ser elevados,  como demostración que no  todo está perdido, y que en  la  labor de higienización que se impone llevar a cabo, conviene retener lo sano y extirpar lo nocivo.

4.- No podemos pecar de ilusos, y creer que una sociedad en estado de descomposición como la dominicana, todos los que la componen van a tener igual comportamiento.  Lo mismo podemos decir  del sistema de administración de justicia, donde hay jueces honestos y también corrompidos. El carácter heterogéneo  desde el punto de vista social, se refleja por igual  en el orden judicial.

5.-  Mi hijo Jordi, y todos los miembros  de nuestra  familia  seríamos injustos si dijéramos  que el proceso  judicial  tiene una duración de más de cinco años,  por culpa de los jueces. En distintas ocasiones hemos dicho que los imputados  se han aprovechado de  lagunas en el Código Procesal Penal, para burlar a la víctima,  y a todo el sistema judicial.
6.- El proceso judicial seguido en el caso de mi hijo Jordi, ha sido rico en experiencia  porque  ha servido, entre otras cosas, para que hombres y mujeres del país, que aspiran a vivir en un ambiente de decencia, se sientan motivados  a luchar  por la instauración  de un servicio judicial  confiable, honesto y laborioso, libre de toda sospecha.

7.-  Además, no podemos lanzar todas las críticas  a los jueces  y a los representantes del Ministerio Público, porque  la jurisdicción penal está integrada,  por  los magistrados,  y también por los abogados y abogadas que desempeñan la función de asistentes  técnicos de los imputados.

8.- Jordi, además de sufrir las lesiones causadas por el hecho criminal, ha tenido que  soportar las maniobras ejecutadas por aquellos que  en estrados han  hecho causa común con la asociación de  malhechores, los  imputados.

9.- Lamentablemente,  muchos profesionales del derecho  al asistir en sus medios de defensas a los imputados,   se convierten, no en sus  defensores, sino  en aliados incondicionales,  llegando  a actuar como  cómplices  de sus defendidos; todo esto  con el agravante de que no existe un funcional código de ética que ponga freno  a los desmanes de los que ejercen estropeando y ofendiendo la toga y el birrete.

10.-  La realidad le está diciendo  a los mejores hombres y mujeres  del país que todavía sirven, que no podemos seguir viviendo como hasta ahora, que esta situación tiene que cambiar para bien; que la integridad que reconocemos en los integrantes del servicio judicial que han intervenido en el caso Jordi, debe ser  el comportamiento  de todos los que  administran justicia  y que, de igual manera, debemos aspirar  a que  los  profesionales del derecho ajusten  sus actuaciones   a la ética  y a la moral profesional.


Santiago de los Caballeros, 2 de diciembre de 2015.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario