jueves, 12 de noviembre de 2015

Un espectáculo deprimente y vergonzoso



Por: Ramon Antonio Veras.

1.- Toda persona física  que ha  llegado a la tercera edad,  de seguro que ha sido testigo de acontecimientos que, por una  u otra razón, retiene en su conciencia; un imprevisto  se fija,  a veces, como  una estampa en la mente y se convierte  en una especie de grabado.

2.- Mientras más extraño es un evento, la motivación de desconcierto genera en el espectador mucha más inquietud, llegando hasta un estado de espanto, a una demostración excesiva de  admiración, de gran asombro.

3.- Debo confesar que en el curso de mi vida  he sido testigo, en mi país y en el extranjero, de episodios que nunca los he olvidado, y mientras más años transcurren más los recuerdo, razón  por la que no es cualquier peripecia  la que me deja sorprendido.

4.- El día viernes 6 de noviembre en curso,  en un desfile de niñas estudiantes,  efectuado con motivo de las festividades del día de la Constitución, quedé  atónito con lo  que presencié; por un  instante permanecí estupefacto con lo que  contemplaba por televisión.

5.- Las niñas estudiantes que  vi desfilando en San Cristóbal, me causaron asombro por el movimiento cadencioso de sus caderas. Aquello me impactó porque nunca había visto en público, en mi país,  semejante espectáculo.

6.- No soy ni pretendo ser mojigato, ni un hipócrita santurrón. Soy un hombre nacido aquí,  que  ha corrido la vida, y  no procuro presentarme como beato, falso puritano, ni nada por  el estilo, pero la  verdad  es que   lo que  vi me llenó de asombro.

7.- La forma armoniosa que las niñas estudiantes ejecutaban el movimiento de sus glúteos, hacia adelante y atrás, evidencia  que han  recibido  un adiestramiento especial de parte de verdaderos maestros,  en el arte de como  una  mujer debe comportarse  para demostrar  su destreza en erotismo.

8.- El hecho de ver niñitas con las  palmas de sus manitas apoyadas en el pavimento,  y en forma acelerada accionar sus cinturitas,  en lugar de divertirme,  me causó  pena e indignación; nostalgia por las niñitas,  enfado con sus padres e  irritación con las autoridades del Ministerio de Educación.

9.- Para colmo, como si no hubiera  bastado  la obscenidad   en el baile estimulante  de lujuria de las impúber, las mismas se exhibieron   uniformadas con los colores de la bandera nacional, el mismo lienzo que en los libros de cívica se define como el símbolo que representa el alma de la patria. 


10.- Al ver las niñas ejecutando movimientos propios de trabajadoras sexuales  desesperadas por concluir sus  labores, confirmé la  creencia  que tengo de que la sociedad dominicana está averiada, enferma, y que lo peor es que todavía no ha tocado fondo.

11.- Aquel que crea que el hecho que he  narrado aquí es una niñería, le invito a que solicite  al canal de televisión CDN,  una copia del video que recoge el acto en San Cristóbal, al cual he hecho referencia, para que comprenda  que el medio social  dominicano  va por mal camino, y que  a cada momento exhibe su cara fea de degradación.



Santiago de los Caballeros,
12 de noviembre de 2015.








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