miércoles, 9 de septiembre de 2015

La ideología, política y político; politiquería y politiquero




Por: Ramón Antonio Veras.


I.- Introducción

1.-  Personas dominadas por la desesperación se manifiestan en el sentido de que no les gusta la política porque es sucia y de gente sinvergüenza; que prefieren mantenerse al margen para no ser confundidas con los que están en ella. Pero quienes así razonan están totalmente equivocados porque,   quiérase o no,  todos estamos relacionados con la política.

2.-  Las relaciones entre las distintas clases sociales que convergen en una  sociedad están,    en una u otra forma,  normadas  por la política.  Basta con saber que la política “es la expresión concentrada de la economía, su generalización y culminación; la relación de las clases y las personas dentro de un Estado”.

3.- Algunos,  confundidos ideológicamente, mezclan política y politiquería cuando en realidad son conceptos  diferentes, y si  se analizan  correctamente se establece claramente la  desemejanza,  lo que distingue una  y otra.

4.- También  están  dominados  por la confusión  aquellos que  asocian al político con el politiquero, siendo actividades distintas, aunque en verdad  en ocasiones el enredo no resulta fácil de simplificar,  a no ser que se haga una adecuada aclaración.


II.- La ideología. La   política y  el político. Politiquería y politiqueros 

5.- Todo ser humano tiene dentro de su cerebro una especie de guía que le sirve  como hilo conductor;  le dice como debe actuar, le manda hacer o no hacer;  es su batidor:   la ideología;    ese  medio que determina la forma de las personas proceder, está compuesto por un  conjunto de ideas políticas, científicas, filosóficas, religiosas y morales, y en sociedades  como  la nuestra, dividida en clases  sociales, la ideología tiene un carácter clasista, y la dominante es la de las clases que ejercen el poder económico.

6.- Partiendo de lo expuesto más arriba, en nuestro medio hay todo un abanico de ideologías, y cada una  expresa y refleja los intereses y aspiraciones de clases en pugna, sobresaliendo la que propugna por el mantenimiento del sistema social predominante.

7.- La rivalidad entre los que se interesan para que se mantenga el ordenamiento económico y social vigente, tienen sus ideas políticas orientadas a la conservación del sistema, mientras que sus antagonistas  luchan por cambiar el estado actual. La oposición entre ambas concepciones ideológicas se expresa de diferentes formas.

8.- La competencia política entre los adversarios ideológicos  se ve claramente en el accionar político. Cada grupo o sector social tiene su forma de hacer política ante el pueblo; de  ahí que en el ambiente dominicano vemos personas que expresan ideas progresistas, aspiran a un cambio; su posición es de avanzada, persiguiendo lo nuevo en lo económico y social. Pero también están presentes aquellos renuentes a que  sea  modificado, transformado  el ordenamiento existente.

9.- Así como  ocurre con los que identifican la  política  con la politiquería, también algunos asocian  al político con el politiquero, siendo actividades distintas, aunque en ocasiones el enredo no resulta fácil de simplificar,  a no ser que se haga una adecuada aclaración.


III.- La política del  político   transformador

10.-  La persona que abraza la política  como una actividad con objetivos dirigidos a la defensa de los intereses del pueblo, de las grandes mayorías, busca construir una sociedad libre de opresión, para alcanzar una real democracia, de igualdad de oportunidades  sin distinción de sexo, color o criterio ideológico.

11.- La política que ejecuta el político que trabaja para lo que se llama  pueblo, está basada en principios que sirven  de guía a  su accionar; normas que   rigen el trabajo que lleva a cabo el activista político transformador.

12.- Ese accionar  político  se lleva a cabo en forma franca y abierta, no hay nada oculto, porque    las cuestiones  de interés para el pueblo no tienen nada de encubrimiento, de   incógnita. Los asuntos en los cuales las masas populares deben decidir,   es de interés que sean por ellas conocidos

13.- Quien hace política en base a ideales y principios democráticos, procura que su presencia no sea lo esencial, sino el programa que se exhibe, que recoge la motivación de su incidencia en la política. El personalismo no genera cambios, sino culto a la persona.

14.- Cuando la política es llevada a cabo por políticos que obran conforme conviene a la sociedad, los ciudadanos y ciudadanas participan, son ejecutores de tareas importantes; resuelven, no son entes pasivos;  son determinantes en las resoluciones que se adoptan desde las alturas del poder del Estado.

15.- La política que el político de principios  pone en práctica, concebida para que el  pueblo incida en su ejecución, convierte a la mayoría de la población en poder, lo que le da autoridad y capacidad para conocer, soberanamente,  lo que conviene al interés colectivo.

16.- El político que hace política en procura de cambios para  el pueblo es porque tiene claro sentido de lo que es el poder delegado por su elector;  respeta la voluntad política  ya que  habiendo  sido electo  conserva hacia el elector acatamiento a su decisión, honra la palabra dada,  estima su escogencia y la expresa en su actitud  de consideración a quien lo honró al seleccionarlo para la función pública que desempeña.

17.- En una democracia que funciona con políticos decentes, la pulcritud es un pilar; los funcionarios demuestran  esmero, decoro en la administración  de los  fondos públicos, porque  la dejadez y la suciedad  desdicen de una democracia dirigida por políticos escrupulosos.

18.- El político de altura es digno  de respeto por su integridad y honorabilidad.  Aquel que somete su accionar político, su proceder,  a los objetivos con apego a la obligación que debe asumir con responsabilidad, interpreta  la voluntad, el sentir de quienes en él confiaron como su representante.

19.- Los políticos que proceden conforme conviene  a la mayoría de la población,  fortalecen la democracia, les generan energía con cada una  de sus actuaciones, de la misma manera que la debilitan, la hacen blanda, cuando ejecutan actos deshonestos. 

20.- Los sectores que intervienen en política para  llevar a cabo los cambios que requiere la sociedad,   buscan que el pueblo haga suyas las propuestas para que se materialicen  con sentido y contenido social.

21.- La política que descansa en principios se sustenta  en los esfuerzos de hombres y mujeres por llevar a la realidad las aspiraciones más sentidas de los que en cada sociedad son los más. Promover las ideas renovadoras entraña eliminar todo lo que significa pasado, atraso.

22.- Las ideas de los cambios verdaderos, expuestas por  políticos identificados con causas justas, se  exponen cuidadosamente para que sean comprendidas por quienes las han de recibir, difundir y materializar. Sólo   así el pueblo actúa conscientemente, sin aventurerismo.

23.- Demuestra que es un político ligado a la voluntad del pueblo aquel que en los asuntos de interés de la sociedad se  maneja con transparencia; hace de la claridad en  sus funciones un deber a cumplir con los electores. Rendir cuentas, es de la esencia de quien respeta  la política seria; la diafanidad genera confianza, ilumina y no motiva duda ni oscuridad; lo luminoso espanta la negrura que va unida a los actos dolosos.

24.- El debilitamiento institucional va acompañado de la fragilidad  del accionar de los políticos;  allí donde flaquea la conducta del político, las instituciones son endebles, se advierte con facilidad su flojedad, y la desconfianza se apodera del pueblo.

25.- En las actividades políticas, aquellos que procuran  una transformación de la sociedad se dirigen al pueblo exponiendo sus principios, sus tesis,  las cuales están contenidas en un programa que recoge las orientaciones, los objetivos fundamentales.

26.- La promoción de las ideas que desarrolla el político progresista, y que figuran en el programa, se han de cumplir desempeñando el pueblo el papel de actor; él ha de ser el artífice de lo que se propone alcanzar. Así  actúa quien hace política seria, abierta y sin maniobras para el  engaño.

27.- Las orientaciones que imparten  los políticos con criterios ideológicos basados en ideas progresistas son extrañas a la demagogia, el engaño y a  todas aquellas vías y medios que no cuadran en actividades    políticas responsables.

  

IV.- La politiquería  del politiquero

 28.- El político  consecuente con los intereses del pueblo difiere de aquel que,  aunque se hace   llamar  político, está en la politiquería y es un politiquero, a quien no resulta difícil de identificar porque es una  figura que está muy presente en el medio dominicano.

29.- El politiquero, a  diferencia del político  de principios,  se identifica con la ideología de los grupos dominantes que se benefician del    status quo;  tiene una posición conservadora, se opone a toda innovación o cambio   progresista; es fundamentalmente tradicionalista.

30.- Por lo general, el que se mueve en el mundo de la politiquería milita en partidos políticos que no se presentan como defensores del sistema, sino de la sociedad en su conjunto; hablan de libertad, derechos humanos, democracia, pero todo en abstracto.

31.- En lugar de estimular la lucha social y política para generar cambios en el ordenamiento social, el politiquero se comporta paternalista,  sembrando la conciliación  de clases, entre opresores y oprimidos hasta lograr la claudicación de los más débiles.

32.- Los más agresivos politiqueros,  si no pueden ubicarse en un partido, buscan la forma de comprar uno de los tantos que abundan y cuyos dueños, también politiqueros, están dispuestos a cualquier negociación  que les genere beneficios económicos.

33.- Ante la ausencia de principios, el politiquero se guía por las maniobras para lograr los fines que persigue; aplica cuantas maquinaciones considera necesarias y de utilidad a sus objetivos.

34.- La franqueza ante el pueblo no caracteriza al que hace de la politiquería una actividad normal lucrativa; el politiquero  se mueve en la sinuosidad, en sigilo, con reservas y absoluto disimulo. No enseña sus cartas al pueblo.

35.- El politiquero  mantiene  una posición ambigua, ambivalente y oscura; se comporta con apariencia de impreciso, aunque conserva precisión y exactitud; se transforma de inconstante a firme, de superficial a profundo, dependiendo de las circunstancias y su convivencia.

36.- El politiquero,  si  resulta escogido en un cargo electivo, se  considera libre una vez toma posesión; cree que se le ha hecho un regalo, que se le dio un cheque en blanco. No  rinde cuentas de su gestión a  nadie  ni asume responsabilidad colectiva.  El politiquero se olvida de la palabra que con él se  creía empeñada; la única voluntad que cuenta es la suya, jamás interpreta la de su elector o electora.

37.- El politiquero no cree en otra democracia que en la suya, que no es otra que la que tiene secuestrada en su cabeza y bolsillos;  su democracia es muy particular, ella comienza y termina donde decide el que para  su conveniencia la ha diseñado.

38.-  La institucionalidad en la cual cree el politiquero es la que le  genera  beneficios; más allá de su interés personal no  hay órganos del Estado,   los cuales maneja en forma antojadiza y caprichosa.  El programa de gobierno del politiquero es aquel donde están limitativamente establecidos los beneficios que debe sacar de su accionar en la politiquería del momento.

39.- En los operativos del politiquero no se difunden ideas.  Las masas no son movilizadas para que levanten  sus demandas;  son activadas en las caravanas para caravanear. El caravaneo conviene a la politiquería del politiquero porque en la misma obtiene doble beneficios: simula gastos para engañar a la Junta Central Electoral, y adormece a las masas con ron y  disco lay;    la chercha es un medio ideal del politiquero. 

40.- En la politiquería no hay interés de que el pueblo se eduque políticamente; basta con que sea dócil a los dictados del politiquero, que se sienta cómodo cuando es objeto de adulación para luego estar de alabancioso, de jactancioso ridículo.

41.- El politiquero no gasta tiempo haciendo labor de orientación política.   Según su criterio,  una fundita, o un sobrecito, un beso a un niño con la barriga llena de lombrices, genera más votos que explicar  una tesis política.

42.-  Difundir principios políticos es, para el politiquero, perder el tiempo, porque considera que su política es de compinches, complicidades y clientelismo;  politiquear es lo que da votos y lo demás es pendejá.

43.- En el lenguaje del politiquero,  liberación es salir de la miseria por medio de la politiquería.  Para liberarse de estar abajo solo hay  que estar en el negocio de la  politiquería; se sale fácil de pranganoso con los dineros del erario.

44.- La seriedad y la responsabilidad crean problemas a la politiquería y al politiquero que la ejecuta, porque limitan  su campo de acción; es mejor plumearse, caerle atrás a una contrata de Obras Públicas,  que estar de formalista, así razona el negociante politiquero.

45.- En la politiquería,  el político persuade al pueblo para que acepte la idea de que nació pobre y así se quedará; que la única forma de salir de jodío es enganchándose en el partido que fundó,   compró o alquiló el politiquero. De lo contrario seguirá siendo un miserioso.

46.- En la politiquería no es necesaria la consistencia; prospera comportarse  voluble, convertirse en un chaquetero profesional.   Cambiar de un partido del sistema a otro igual, es algo normal, aunque  se le  llame cambiador de chaqueta; quien carece de vergüenza nada le molesta, todo le resbala.

47.-  Las llamadas asambleas de los politiqueros no son más que  reuniones para bromear en base a las burlas que hacen a costa del pueblo. El bromista más sobresaliente resulta ser el cherchoso que más llama a hilaridad con sus ocurrencias, de las diabluras fruto de sus andanzas en jolgorios.

48.- El que basa su politiquería en la promoción personal, sabe como mojar  las manos a los incautos que quiere embaucar para sus fines politiqueros; es una forma de fomentar el clientelismo y burlarse de la ignorancia y miseria que sufre el pueblo.

49.- El politiquero boronea a los más ignorantes  de abajo,  y ubica como botella a los más vivos;  colocar a uno de sus compinches en una  nómina del Estado es hacer  politiquería. El que logra una  sinecura agradece el favor que se le hace  con fondos públicos.

50.- Las negociaciones politiqueras han sido notorias en el país  en  los últimos años; y la importancia de las mismas  depende del tamaño de la organización que negocia con el grupo que administra el presupuesto nacional.  La transacción es un negocito si la tienda–partido, es pequeño; es un negocio misceláneo si es un partido dividido en grupejos

51.- Los negocios políticos siempre están precedidos de amarres,   que no son otras cosas que los puntos convenidos entre los que intervienen en la operación politiquera; de esos encadenamientos  no conoce el pueblo; son pactos secretos que interesan sólo  a las partes que serán  beneficiadas.

52.- Las alianzas entre partidos tradicionales son acuerdos entre politiqueros con el fin  de repartirse el presupuesto nacional;  en estos convenios el pueblo no cuenta para  nada, ni puede esperar solución alguna a sus problemas más acuciantes.

53.- Los reperperos que se dan entre politiqueros, que algunos llaman crisis, no son más que desórdenes motivados por apetencias grupales, y giran  siempre alrededor de rebatiñas para  determinar quién queda  más cerca en  la repartición de los cargos públicos.

  
REFLEXIONES
 a.- Analizar el comportamiento político–ideológico  de una persona  no quiere decir  que la estamos examinando desde el punto de vista personal.  El político que orienta sus ideas para que prospere el movimiento revolucionario, no es un santo;  ni es un demonio  el que defiende el statu quo, el sistema social dominante.

b.-  Ambos,  el que defiende  los cambios profundos  y el que  se identifica  con el orden establecido,  pueden  ser hombres y mujeres virtuosas, pero con una visión ideológica diferente  para la solución   de los problemas económicos, políticos y sociales del país. Al indagar  sobre un asunto político  hay que eliminar todo aquello que tenga  o pueda tener  ribetes personales, para no desnaturalizar el tema abordado.

c.-  Hace política en procura de la liberación de la opresión, quien moviliza   las masas populares  en torno a una plataforma elaborada teniendo presentes los anhelos del  pueblo, y la confianza en sus propias fuerzas.

d.- Quien está  en la política para que el pueblo trabaje por su propio bienestar, lo motiva para que confíe en que su felicidad descansa en sí mismo; le imprime confianza a los fines de que actúe con la seguridad de obtener los objetivos perseguidos,  la certidumbre de que el futuro le pertenece.

e.- La práctica en el  quehacer político   responsable, hace posible que las masas, los hombres y mujeres del pueblo  depositen su confianza en quien  ha sido el intérprete de sus intereses y aspiraciones. Así surge el líder, por su  coherencia, consistencia ideológica, entereza en la defensa de la causa de los que depositaron en él su confianza.

f.- Los politiqueros estimulan el culto de las masas a su persona, mediante la ponderación en exceso de sus méritos; su base radica en hacer creer  que los cambios son la obra de grandes caudillos, de héroes, y no determinados por la acción de las masas populares.

g.- Por último,  en lo que a mí respecta, por el  hecho de haber tratado a muchas  personas con criterios ideológicos diferentes,  me siento liberado de sectarismo y trato de examinar la realidad del accionar político en forma objetiva, y es lo que me ha permitido anidar esta idea: En lo que me queda de vida procuraré continuar hablando con franqueza ilimitada, pero sólo  con el sincero, no con el falso; quiero comentar, explicar posiciones,  pero  con el que  me escucha con sentido de seriedad, no con el perverso; aspiro a razonar  con el que es leal, no con el farsante; busco mediante el lenguaje decir lo que creo es la verdad, no la mentira; platicar sin perder el tiempo que me queda de existencia, que quisiera que  sea largo y fructífero.


                                                                                                                                                                  Santiago de los Caballeros,

                                                                                                                                                                  5 de septiembre de 2015.

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