martes, 14 de julio de 2015

Los que no sirven buscan igualdad en la diferencia



                                                                                                                    Por: Ramón Antonio Veras

I.-INTRODUCCIÓN
1. La igualdad por la que debemos luchar  es aquella que hace posible la creación de las premisas materiales indispensables para la estructuración de un sistema social en el cual los hombres y las mujeres gocen de los mismos  derechos y estén obligados  a cumplir iguales deberes.

2. Aquel que aspira a que en la sociedad impere la justicia; que cada persona tenga la posibilidad de satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, es un ser humano que se interesa para que prevalezca la igualdad con contenido social.

3. En cualquier lugar del planeta tierra donde habitan seres humanos nos encontramos con personas sanas, buenas e integras que se preocupan por el bien de los demás, y sus principios están dirigidos a alcanzar la igualdad de posibilidades para los miembros de la comunidad.

II.- EN BUSCA DE IGUALDAD EN LA DIFERENCIA.

4. Allí donde están presentes los benévolos y virtuosos, también abundan los intolerantes, malvados y nocivos, que orientan su accionar a buscar la igualdad en la perversidad, no la igualdad con sentido de equidad. 

5. Aquel que ha ligado su vida a la indecencia, la inmoralidad y la corrupción, convirtiéndose en una persona repugnante, procura igualarse con el limpio, decente, honesto y de recto proceder.

6. Para el pervertido sembrar la idea de que todos somos de igual conducta, comienza por justificar su propia forma de actuar, vende la idea de que da lo mismo ser sucio que pulcro; deshonesto, corrupto y prostituido, que honesto, recto y honrado.

7. En la medida que la persona que no sirve logra equiparar a buenos y malos, compara con igual argumento al honrado con el ladrón, coteja al sucio con el limpio, y  siembra  la confusión haciendo imposible establecer la diferencia entre sus inconductas y el recto proceder de los demás.

8. La indignación que generan las acciones ofensivas del sinvergüenza, éste trata de calmarla recurriendo a la justificación de que no ha hecho lo indebido; que su proceder es igual al de la generalidad, justificando así su actuación vergonzosa, afrentosa y oprobiosa.

9. El ignominioso y abyecto en su afán por compararse con el meritorio, hace  uso de su verborrea para endosar  su vileza y perversidad  a  quienes han llevado una vida digna; utiliza las expresiones de igualdad para denigrar, vilipendiar y deshonrar.

10. Cuantas veces el descalificado moralmente habla de que no hay que hacer distinción de conductas, que todos somos iguales, lo que persigue es sembrar la idea de la igualdad de los que sirven con los que no sirven, tratando de que sean vistos como iguales los honrados y los ladrones, el digno y el que practica la ruindad.

11. Mientras los hombres y mujeres de vida ejemplar se preocupan por rechazar las inconductas, el vagabundo se mantiene indiferente a todo, nada le preocupa; vive la vida a su manera, sin importarle el qué dirán, y siempre se presenta diciendo que “no hay que preocuparse por nada, vivimos en un medio donde no hay diversidad de comportamientos, aquí todos coincidimos en las vagabunderías y el tigueraje”. 

12. Una sociedad en la que abundan los truhanes, los descalificados desde el punto de vista moral quieren igualarse con las personas de bien; buscan sentirse próximos a los de valía que se distinguen por su accionar decente. 

13. Aquellos que encarnan la degeneración social se sienten bien cuando mediante subterfugios logran una apariencia afín con figuras de la sociedad símbolos de dignidad y aprecio por sus dotes de verticalidad cívica y apego a  las reglas  del buen vivir. Pero no debemos olvidar que el granuja nunca llega a ser pudoroso por más   posiciones que asuma para ser parecido a quien imita.

14. El sujeto que por su mal proceder no cultiva consideración, se afana por vender una imagen igual a la de la mujer o del  hombre ejemplo de respeto ganado por honrado, rescatado a toda prueba. El bribón nunca llega a ser semejante al decente; no puede haber comparación entre el descarado y el apreciado.

15. La unanimidad en la valoración positiva de las personas es el resultado de sus actuaciones en el medio donde viven, y aquel que quiere ser igualmente considerado como preciado ha de proceder  en igual sentido. Nunca llega a estar en el mismo plano el que sirve y el insignificante, el excelente y el inútil y vano.

16. En las sociedades agrietadas, dominadas por vicios sociales, aquellos que sólo se preocupan por hacer dinero por la vía fácil, hacen alarde de su influencia social comparándose, vanagloriándose de ser igual a los que sobresalen por su laboriosidad y honradez.

III.- REFLEXIONES FINALES.

17. La tesis de los iguales diferentes ha prosperado  en el medio social dominicano porque la cobardía de los honrados y decentes ha hecho alianza impúdica con la osadía, el atrevimiento y la desfachatez  de los ladrones, sinvergüenzas, corruptos y facinerosos.

18. La idea de los iguales diferentes ha calado en la conciencia de muchos dominicanos y dominicanas, porque se ha permitido que el obsceno, repugnante y perjudicial logre equipararse con el grato y la eminencia; el mentiroso y farsante, con el sincero y veraz.

19. Aquel que con sus inconductas prostituye la sociedad, no puede ser santificado por los que han llevado una vida digna; lo que sirve y lo nocivo no pueden  ser conexos; no pueden estar ligados los que contaminan el medio y los que procuran higienizarlo; la vinculación de mansos y cimarrones conduce a lo inexplicable e inconcebible.

20. Desde el momento que en el medio social dominicano se aceptó  que robar al erario es signo de destreza, comenzó a tolerarse la ilicitud y verla como algo normal; que era posible aceptar al contrabandista y al que pagó los impuestos, al correcto y al desconsiderado, al que cree en lo debido y el que practica lo indebido.

21. Una vez que una persona reconocida como seria contemporiza, acepta compartir de igual a igual con el indecente, le está abriendo  espacio  a la confusión de semejanza entre iguales y diferentes. La pusilanimidad no puede enterrar el arrojo; la valentía tiene que primar sobre el temor y el susto.

22. Aquí, en nuestro país,   los podridos, vagabundos y rastreros quieren ver igualdad de honra donde solo hay diferencia de conducta; uniformidad  de honradez, donde solo hay disparidad de honorabilidad; y coincidencia de buen proceder donde solo hay discrepancia en el correcto accionar público. 

23. Cada día es más y más notoria la inversión de valores en la sociedad dominicana, porque lo inconcebible se presenta como real; lo absurdo como algo común; lo invertido como derecho, lo trastornado se ve como ordenado y, finalmente, las personas de conductas ejemplares terminan aceptando ser imperfectas por la aceptación de la tesis de diferentes iguales.

24. Se   ha perdido el sentido de valorar a las personas por su actitud ante la vida, por el correcto proceder; ha desaparecido la desemejanza en el apreciar; diferenciar para distinguir ya está en desuso; con suma facilidad se acepta la semejanza entre el honrado y el ladrón; la lejanía entre dos conductas se presenta cercana para terminar en el orden de igualdad.

25. En el ambiente social dominicano se retuerce el historial de vidas ejemplares y dignas, con el fin de igualarlas a las de indecentes, logrando así la semejanza mediante falsedad. Con la dislocación se llega a la confusión hasta concluir con la igualdad en la diferencia o, por lo menos, la aproximación a la equivalencia.

26. En la actualidad, aquí, en vista  de que nadie es sancionado moralmente, aquellos  que hacen del dinero la razón de vivir, aunque lo adquirieran en forma ilícita, no pierden la oportunidad para que se acepte como norma el respeto que ha de merecer la persona de bien obrar, y a  la que hace del robo un hábito. 

27. En un medio social de iguales no hay forma de establecer diferencia; de ahí que el depravado se considera merecedor de la misma consideración que el probo; la crápula y el virtuoso, el vicioso y el moral, en fin, en la medida que la podredumbre social se mantiene sin sanción, la degeneración permanece como si nada.

28. La variedad de actuaciones de los integrantes de la sociedad dominicana no se distinguen unas de las otras porque la decadencia en el buen actuar llega a hacer imperceptible el proceder, de lo que se aprovecha el degenerado para justificarse como degenerado y obsceno, a la vez que quiere compararse  con el rescatado.

29. La frialdad, la sinuosidad como actúan los sinvergüenzas en  interés de hacer creer que todos los miembros de la sociedad somos iguales en conducta, impone que sus opiniones sean tomadas con toda reserva por provenir de alguien que no sirve y persigue similitud donde solo puede haber diferencia.

30. Ante la abundancia de sinvergüenzas en nuestro medio y la influencia que ejercen, no tienen que hacer mucho esfuerzo para hacer que prime la idea de que no hay paralelo alguno entre hacer dinero por medio del trabajo que lograrlo por el robo; que el tiempo hace posible la semejanza; que la desigualdad en el origen de fortunas se borra y luego llega la equivalencia.

31. La higienización que precisa la sociedad dominicana en el orden ético y moral impone una labor de purificación para hacer desaparecer ideas y conceptos que contribuyen a confundir al pueblo y acepte que no hay diferencia, sino igualdad entre el munícipe indiferente a los problemas de su comunidad y el que lucha para que se resuelvan.

32. Hay que hacerle comprender al pueblo dominicano que aquí no todos somos iguales en conducta, que aunque los saqueadores del patrimonio público quieren hacer creer que todos somos culpables de la tragedia nacional que nos hunde en la podredumbre social, eso no es cierto.

33. No hay semejanza entre quien ha robado al erario, y el pueblo que es la víctima; no hay igualdad entre el corrupto y aquel que lo denuncia y enfrenta; hay diferencia entre el que apoya la corrupción y el que la combate, en fin, hay oposición entre quien quiere ver iguales donde solo hay disconformidad, homogeneidad donde hay divergencia.

34. Algunas personas no se dan cuenta lo que encierra el hecho de aceptar la teoría de los diferentes iguales, la cual conduce a impulsar la falsa creencia de que en el pantano social dominicano que estamos viviendo, todos somos iguales, corresponsables de que la especulación se convierta en realidad con solo desvirtuar, adulterar la verdad, para  que se sobreponga el embrollo, la desfiguración, y el enredo.

35. La sociedad dominicana de hoy avergüenza, es un bochorno que sonroja; aquel que tiene cuentas pendientes con el pueblo ha encontrado un medio de defensa equiparándose moralmente con el diáfano, con el que ha actuado en forma transparente y cristalina, no en la opacidad, en  forma turbia y con dobleces.

36. En la medida que se acepte la conjetura entre los iguales diferentes, más  se acerca el ideario de aproximación al decente con el vagabundo, al laborioso con el vago, al honrado con el ladrón; adosar al “tigre” con el desclasado social, juntar al malhechor con el sano y sociable.

37. La sociedad dominicana está siendo orientada para que acepte que aquí no ha pasado nada; que somos iguales en comportamientos; que todo no es más que cháchara de civiles, palabreo de necios izquierdistas trasnochados   y hojarasca de pobres ideólogos derrotados; que debemos estar unidos las lacras sociales y los virtuosos.

38. La confusión imperante en el ambiente dominicano ha facilitado que la conducta ejemplar del ciudadano de bien se asimile a la del sinvergüenza; que el politiquero corrupto sea aceptado como calcado del limpio; que el vagabundo sea considerado como copiado del virtuoso; que no hay desigualdad entre aquel que se dedica a la política por convicción ideológica en procura de liberar el país, y el negociante politiquero.

39. Lo ideal sería que lo mejor del pueblo dominicano comprenda que no es nada sano para el país que se siga aceptando como buena y valida la tesis de los iguales diferentes, porque la misma conduce a que no haya distinción; que se minimicen las inconductas; y que la niñez se desarrolle con la errada percepción de que da lo mismo ser decente que indecente, honrado que ladrón, leal que traidor, y falso que sincero.

40. Finalmente,  a mis nietos y nietas  les digo que no presten atención, que ignoren por completo los mensajes que provienen de aquellos que por ser insignificantes, y haber trascendido solo por poseer dinero fruto de operaciones ilícitas, buscan ser importantes presentándose como semejantes, idénticos a quienes la sociedad reconoce y valora con gran estima por su correcto proceder, por sus comportamientos ajustados a la honestidad y a la vida pública diáfana.



 Santiago de los Caballeros,
14 de julio de 2015.

        

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