lunes, 20 de julio de 2015

Ante la acción del traidor, fortalecer la buena amistad


Por: Ramón Antonio Veras.

Introducción

Los  seres humanos no estamos formados para acumular pesares y agravios que sólo   generan mortificaciones,  sinsabores; lo más conveniente es buscar la forma  de descargar, expulsar de nuestra mente todo lo que significa perturbación.
No debemos aceptar en silencio aquello que desajuste  nuestro estado de tranquilidad espiritual, y contribuya a trastornar  el  normal  desenvolvimiento   de nuestras vidas.
Debemos   tratar de recobrar la calma lesionada por el acto de quien se siente mal  con la  paz  de  los que  creemos  en las cosas buenas y bonitas, como la lealtad, y no en las malas y  feas, como la traición. 
Así como  expresamos  por escrito  las cosas hermosas,  fruto de la convivencia civilizada y sincera,    también tenemos que estar dispuestos a  manifestar  aquello que, como la acción del traicionero,  vivamente nos lesiona.

I.- Firmeza y debilidades

1.- El  hecho de haber llegado a la tercera edad, vivo y viable, es para mí algo que aprecio, y  una satisfacción  porque,  dentro de mis posibilidades,  me ha  permitido  servirle a mi país, lo que  haré  con gusto  hasta que desaparezca del mundo de  los vivos.

2.- Si hago una evaluación de lo que ha sido mi existencia desde el momento de mi nacimiento hasta ahora, el balance que saco  es que la vida me ha dado más que lo que le he pedido; ella ha sido sumamente generosa conmigo, caritativa en extremo; sería un ingrato si no reconociera su nobleza.

3.- En la oscilación  de la supervivencia debo tomar en cuenta mi origen  social, el círculo familiar y la situación económica miserable en la que me tocó nacer y desarrollarme; sólo recordando ese  pasado amargo, puedo valorar dulce y positivamente el presente.

4.- De mi temperamento puedo decir que mi mamá me formó con una disciplina rígida en la que nunca han tenido espacio los lamentos; los momentos difíciles los enfrento con la firme determinación de salir airoso; no permito que me derrote la tristeza; en lugar  de  angustiado procuro sentirme gozoso; lo difícil trato de verlo fácil, lo aflictivo como agradable.

5.- Estoy preparado para resistir, soportar los peores martirios; afrontar cualquier adversidad; aguantar los peores dolores sin transigir en lo más mínimo, ni doblegarme ante la prepotencia. No estoy revestido de gran valor, pero no le temo a la muerte.

II.- La traición me golpea

6.- Como todo ser humano tengo mis debilidades, y una de ellas se presenta cuando me siento traicionado. Me transformo por completo, de una persona firme y segura me convierto en débil e inestable; de animado me presento apático.

7.- La traición cambia  mi estado de ánimo; me debilita; la decisión, los bríos, y el ímpetu decaen; el ardor se me apaga, la determinación la reduzco hasta sentirme decaído, desalentado por completo. No me explico  por qué la traición  ataca lo más profundo de mi alma, hasta el punto de que me siento destruido, aniquilado;  soy una persona, abatida, apabullada, rara, desazonada.

8.- La intensidad como quiero a las amigas y amigos  me   llevan a sentirme derrotado, golpeado, una vez compruebo que he  sido víctima de un traidor a quien creía leal;  la felonía la detesto; ante ella me siento otra persona; no estoy formado para lidiar con el felón  a quien  considero capaz de lo peor.

9.- La deslealtad no la digiero;  no la acepto bajo ninguna circunstancia; la desprecio sin atenuación alguna, porque sólo conozco la entrega, la sinceridad franca, abierta y sin dobleces; una relación entre amigos y amigas la veo contaminada desde que desaparece la sinceridad; en lo adelante no tiene razón de ser.

10.- Me resulta difícil aceptar que he sido traicionado por alguien a quien había profesado cariño, trato amable, devoción sin límites; un querer sin cortapisas, y  de un momento a otro, en un santiamén, hacia mi descubro, en la otra parte,  envidia, odio, aversión  y trato desdeñoso.

11.- La traición,  esa parte feísima  de la especie humana, la he venido a conocer ahora, en mi tercera edad; en mi niñez y juventud siempre me sentí rodeado de amigas y amigos sinceros, personas de una sola pieza,  me generaban absoluta confianza.

12.- Aquel que no me conoce no llega a comprender lo que para mí  significa un acto  de engaño; es algo  que no tengo en mi código mental.  De ahí lo duro que recibo el golpe del traidor.

13.- Para mí resultó sumamente difícil descubrir que personas a las cuales creía  sinceras, de un momento a otro me han sorprendido con una traición. Habría  preferido morir antes que saber de su traición hacia mí, aunque sé que es mucho pedirle a un traidor que   sea sincero.

III.- Algunos rasgos del traidor

14.-  He llegado a la conclusión  de que el traidor es un ser que nace con condiciones para la  falsedad, porque no es  posible  pasar de bueno a malo, de bondadoso a malvado, de benévolo  a egoísta, de piadoso a cruel y de provechoso a perjudicial.

15.- La sinceridad no  es algo que se pierde en un abrir y  cerrar de ojos; el falso, el hipócrita, el disimulado tiene fija en el fondo de su alma la sinuosidad, que es la base para poner en práctica vicios como la traición, la deslealtad y la retorcida condición de falso.

16.- El traidor  ejecuta la traición  en forma calculada, no actúa  en base a suposiciones ni conjeturas;  reflexiona para su proceder y así obtener el fin  perseguido; sabe cuándo  simular ser    ardoroso y cuándo lo hace en forma helada;  en qué momento  debe estar tranquilo,   sereno, y cuándo presentarse alborotado,  hacer ruido y  hacerse sentir.

17.-  Una de las actitudes más  hirientes del  traidor es el factor sorpresa por el hecho de siempre haber simulado  lealtad, impresiona, asombra cuando pone en práctica la traición; causa estupor,  siembra el desconcierto; se comporta calmado, sereno, lo que hace que  el traicionado se sienta confundido.

18.- La víctima de la traición  es atrapada  desprevenida, porque no la esperaba; ella proviene de aquel en quien había depositado confianza. El traicionero no avisa a quien simula ser su  amigo,  a quien caza impresionado, alarmándolo, creándole sobresaltos y consternación.

19.-  No podemos ignorar que desde el momento que el ser humano vive en sociedad está expuesto a la traición;  por muy inteligente y sagaz que usted sea,  puede llegar a ser víctima  del traidor, quien siempre se la ingenia para ejecutar su acción perversa.

20.-  Quien está formado en la sinceridad no puede pronosticar la traición; por muy fogueado que esté  en la vida, jamás puede vaticinar que será traicionado por aquel que tenía como la continuación suya.  El simulador de sincera amistad engaña por igual al perspicaz como al torpe.

IV.- Reflexiones finales

21.- Los farsantes en su accionar traicionero  van de la mano con los  que simulan  sinceridad. Los deshonestos no saben ni les importa  los daños  que  causan a sus víctimas a las cuales aparentan  amistad y,  finalmente,   las hieren con la perfidia y la alevosía de la traición.  

22.- No todas las personas estamos en condiciones de recibir, soportar la traición. Es imposible tranquilamente aceptar ser traicionado por aquel que creía era tu amiga o amigo.  Ninguna persona sana y sincera está  preparada para  sobrellevar los pesares que genera la deslealtad; nunca se espera de los amigos cosas deshonestas, miserables, ni mezquindades. 

23.- A medida que el tiempo  transcurre, y el medio social dominicano se agrieta,  en él se  desarrollan los que están  preparados para fingir y simular verdadera  amistad. La lealtad, la fidelidad escasea en el mismo grado que se prostituye el ambiente donde nos estamos moviendo.

24.- En lo que a mí respecta, los actos de traición en mi contra  los he  convertido en más afecto, devoción y apego hacia mis leales amigas y amigos, a los cuales les he    profundizado  querer,  predilección  y total inclinación.

25.- Al traidor no le guardo rencor alguno,   porque estoy educado para dar cariño, y no sé odiar a quien ha ocupado un espacio de afecto, gratitud en mi corazón, aunque después  me traicione; sólo le ignoro. El resentimiento, la inquina y la tirria, como taras que dañan,  no están en mi mente porque  no alimentan el alma.

26.- De los traidores me he olvidado; los he eliminado, borrado, desprendido de mi cerebro; de ellos procuro retener sólo su  despreciable acto de  traición, para recordarme que con  personas de su calaña no debo establecer ningún tipo de relación,  porque generan mala cizaña, discordia y contaminan la palabra amistad.

27.-  Luego de la traición y el decaimiento que ella me produce,  procedo a  levantarme con más fe y bríos para continuar la vida normal; me dispongo liberarme de los pesares,  prepararme  para no ser  nuevamente víctima de la traición; procuro no preocuparme ni sentirme  inquieto; olvido las mortificaciones y aflicciones; condiciono mi mente para estar despreocupado y tranquilo, libre en lo absoluto.

28.- Una vez salgo del tormento que me produce la traición, me armo para valorar más  y más a los amigos y amigas que me quedan; les veo en relieve, me lucen prominentes, llenos de grandeza. Siento que cada uno de ellos es, algo así, como un trofeo, un premio; me hago de cuenta que son victorias, logros que he alcanzado por conservarlos como camaradas puros.

29.- Luego de la perturbación que me produce el descubrimiento de la traición, aparece en mí  la tranquilidad espiritual. Se recompone el estado de ánimo estropeado  por el traidor;  logro restaurar la alegría y templar la voluntad debilitada.

30.- Luego de ser víctima de  la traición, a los leales amigos  y amigas les veo como una especie de consuelo, un  alivio después  del golpe,  lo que llega a fortalecer  mi  ánimo golpeado por el traidor; el aliento que hacía falta para vencer el desánimo.

31.- La traición me  lesiona, pero me trae  algo positivo: me  acerca más a los leales  amigos y amigas; me permite fortalecer  la armonía con ellos y  consolidar  los afectos; motivarme  más a la  afinidad e impulsarme a refrescar la perseverancia hacía las amigas y amigos  sinceros; entregarles más  mi  lealtad,  para que los vínculos afectivos  sean más nítidos, logrando así  aislar  cualquier disonancia;  todo con el fin de robustecer, afianzar  los vínculos de amistad.

32.- No obstante haber sido  víctima de la traición  de individuos a los cuales consideraba la prolongación  de mi persona, no he perdido el sentido de creer en la amistad, la camaradería y la confraternidad, acompañándola siempre del trato afectuoso, afable y franco.

33.- Finalmente, en lo adelante para mí todo será paz, la misma que desapareció al conocer de  la traición; la serenidad y el sosiego toman su imperio;  mi  alma disfrutará  quietud, ya no existirá  aturdimiento,   me sentiré imperturbable, como antes de descubrir que a quien toda mi vida creí era mi amigo, resultó ser un vulgar  traidor, resentido y envidioso.

Santiago de los Caballeros,
20 de julio de 2015.


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