viernes, 26 de diciembre de 2014

Al cumplir mis 76 años de edad


Por: Ramón Antonio Veras

I.- Mi madre y la formación de mi comportamiento
1.- Nací un día domingo  25 de diciembre de 1938, bajo un ordenamiento económico y social atrasado, y modelado en  lo político por una tiranía despiadada. Me desarrollé como persona en un ambiente familiar alineado   con una rígida  disciplina materna que sentó la base  de la configuración  de mi comportamiento, el cual he asumido como ente social en todo  el curso de mi vida.
2.- El círculo familiar de mi niñez fue de suma estrechez económica, pero en un ambiente de alegría; jovialidad y camaradería. La tristeza nunca se reflejó en mi  hogar, la aflicción    no marchitó  mi deseo de salir adelante.
3.- De los primeros años de mi vida recuerdo el cariño que mi madre transmitía a sus   hijos, la ternura como nos trataba, el querer que envolvía cada una de  sus palabras.
4.- Mamá, con su consuelo, dulzura y trato grato me hacia liviana la existencia. Las dificultades que conocí en el curso de mis primeros años, mi progenitora procuró que los aceptara con sentido placentero, sin quejas ni lamentos, gemidos ni resentimientos; ella hizo de sus hijos hombres y mujeres sin traumas.
5.- Después de haber vivido 76 años, puedo decir  que, como persona, en mi comportamiento,  en mi actitud ante la vida soy, fundamentalmente, hechura de mi madre; confeccionado en el hogar que ella dirigió; factura de su disciplina;  conformación  de su práctica y prédica.

II.-   El medio social en el cual vivo y sus taras
6.- Así como tuve la dicha de recibir las sanas orientaciones de mi mamá, también fui premiado por levantarme, compartir los primeros años de mi vida con   amigas y amigos formados en hogares de padres ejemplares, trabajadores, honestos y solidarios.
7.- Hoy, con muchas canas en mi cabeza e infinidad de arrugas en mi cara, y luego  de haber compartido  con hombres y mujeres de todo el globo terráqueo, afirmo que puedo distinguir lo que en mi país fue el ser humano de ayer y el que es hoy en su trato, en las relaciones mutuas, porque aquí se ha producido una diferencia total de comportamiento entre la generación del dominicano y la dominicana de ayer, y la de hoy.
8.- El paisano nuestro de antes demostraba sensibilidad y ternura,  el de hoy se manifiesta duro y frío; el de  ayer  se conmovía ante la desgracia, el  de ahora demuestra indiferencia; en el pasado compartimos con mujeres y hombres afectuosos y compasivos,  en el presente nos encontramos con entes  sociales que reflejan sañas, encono, rencores e ira.
9.- Me formé compartiendo con personas leales, francas y sinceras, pero ahora abundan los desleales, falsos y traidores; los simuladores, hipócritas y solapados.
10.- El ser humano delicado, de trato exquisito y tierno, ha cedido su espacio al vulgar, tosco y grosero; la elegancia desapareció en la forma de tratar a nuestros semejantes, su lugar lo ocupa la aspereza.
11.- El anterior hombre o mujer de trato espontáneo y directo está en extinción, se ha transformado en ostentoso, en algo sofisticado y solemne; ha desaparecido la persona ingenua,   para su lugar ocuparlo la astuta, maliciosa y taimada.
12.- El colega bueno y bondadoso está en minoría; abunda el canalla e infame; el decente no ha resistido la investida del granuja, malandrín, habilidoso y ladino.
13.- La generosidad escasea en nuestro medio, el ambiente lo domina la codicia; el afán  de lucro está predominando sobre el desinterés y la prodigalidad.  La ambición de poseer cosas materiales sin esfuerzo,  se práctica  con  valoración  ilimitada.
14.- La envidia parece no tener límites en la conciencia de muchos de nuestros conciudadanos; el codicioso abunda, mientras escasea el hombre o la mujer caritativa; se ha impuesto la mezquindad sobre la esplendidez. Aquí se envidia hasta los méritos bien ganados.
15.- Escasean las expresiones de dulzura para hacer sentir bien  a los  demás;  ellas han sido sustituidas  por  manifestaciones cargadas  de amargura en busca de sembrar mortificaciones, desconsuelo y tribulaciones.
16.- Resulta casi imposible escuchar palabras de elogio hacia otro; siempre se busca  el pero,   los reparos, las murmuraciones ácidas y la detracción alegre y despiadada. La tacha se ha convertido en una diversión,   un encanto.
17.- Para que impere la mediocridad se aplica la descalificación  contra todo aquel que sobresale por su talento y virtudes de integridad, honorabilidad y honestidad. Se busca colocar al disoluto y crapuloso en el mismo plano que el honesto y decente.
18.- Es duro decirlo pero, al parecer, en lugar de una sociedad humana, nos estamos moviendo en algo así como en un nido de ratas, una cueva de cacatas, en un ambiente de fieras indomables.

III.- La falsedad de algunos amigos
19.- Debo decirlo abiertamente, aunque con mucho pesar; personas en las cuales durante muchos años confié en su amistad, me han decepcionado, me han resultado tremendo fiasco; demostraron que me habían fingido amistad; su  trato para conmigo fue artificial, se armaron de la apariencia para encubrir la realidad de su deslealtad.
20.- La traición  de algunos amigos solapados me han motivado para  querer  más profundamente a mis amigas y amigos sinceros; me he formado  la idea  de que  los amigos puros hay que  mimarlos  sin condiciones y olvidarse  de aquellos de conducta   hueca, gelatinosa.
21.- Pero por encima de los momentos aciagos que los traidores me han hecho pasar me siento afortunado porque he tenido a mi lado a los que sirven, a los sinceros, aquellos que me transmiten calor humano, solidaridad plena.
22.- En una sociedad como la nuestra, dominada por la mercancía dinero, con una moral de cafres, resulta muy difícil hacer comprender a los livianos e inconstantes, que no todos somos mercaderes de los actos de nuestras vidas.
23.- Lamentablemente, los simuladores llegan a confundir hasta a los más sabihondos, porque cuando son descubiertos como desechos sociales ya se han hecho ganar el aprecio que nunca merecieron.
24.- Al cumplir mis 76 años, seguiré aferrado a mi forma de ser, nada ni nadie me   hará cambiar en mi comportamiento; el material del cual me formó  mi madre no se dobla;  estoy hecho  de una sola pieza; el medio no  va a modificar mis sentimientos.
25.- En lo que me queda de vida, la traición de los farsantes no modificará mi configuración conceptual   ni perturbará mi espíritu. Las perversidades que salen de las mentes enfermas y pequeñas no me harán variar en mi decisión de seguir identificado con todo aquello que vaya en la línea de satisfacer las aspiraciones más sentidas de la especie humana, sin distinción de color, raza,  concepción religiosa,  política  o ideológica.
26.- La creencia que tenía cuando cumplí mis 14 años de edad, la tengo hoy al llegar a los 76, en el sentido de que están totalmente equivocados aquellos que creen que nuestro país puede seguir viviendo como hasta ahora; esto tiene que cambiar para bien por necesidad; pero esta no es una necesidad surgida de la voluntad de uno u otro grupo social, sino una necesidad dialéctica, fruto de las contradicciones existentes en el seno de la misma sociedad dominicana actual.
III.- Mis aspiraciones futuras
27.- No escapa a mi conocimiento que  los vicios que genera el medio social bajo el cual estoy viviendo  hoy al cumplir  mis 76 años de vida, resulta de una podredumbre tal que muchos que se formaron  en otra época histórica del país,  han sido contaminados, lo que se evidencia al demostrar que  en su forma  de ser  han cambiado de actitud, se han vuelto personas de dobleces;  son simuladores y falaces;  han perdido el don de la franqueza para abrazar el disimulo.
28.-  Con 76 años encima, anhelo  permanecer abrazado a mis convicciones políticas e ideológicas, y que las mismas me sigan sirviendo  de sostén y guía para mi accionar en la vida familiar, social,  privada y pública.
29.- Aspiro, en lo adelante, para mí y mis seres queridos, disfrutar de buena salud; aportar, dentro de mis posibilidades, a la lucha social para que la vida de lo que en verdad se llama pueblo dominicano se haga menos pesada en lo material y espiritual.
30.- Deseo continuar siendo un ser humano libre; sin odio, rencores ni resentimientos; queriendo a los demás con sentido de solidaridad, sin despreciar a nadie, y nunca   anidar enconos en mi corazón.

Santiago de los  Caballeros,
diciembre  de 2014


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