martes, 2 de septiembre de 2014

A los 51 meses de la tentativa de asesinato contra mi hijo Jordi


Por: Ramón Antonio Veras.


1.-   Aquellos que se asociaron para matar a mi hijo Jordi, no estiman  el menor respeto por la vida humana; es un grupo que tiene como oficio   el crimen por encargo; causar dolor a los demás es su satisfacción; con el agravante de que esa gavilla cuenta entre sus miembros con Adriano Román, que se ha dispuesto invertir recursos económicos   para pagar tarifas   de matones.

2.-   Ante una cuadrilla  de  desalmados, como la  financiada por Adriano Román,    y pretendió asesinar a Jordi el 2 de junio de 2010, debemos de mantenernos vigilantes por sus maquinaciones. Los   profesionales del crimen hacen del mismo un hábito; su costumbre de matar es para ellos rutina de vida criminal.

3.- En un medio social como el nuestro, en el cual la mercancía dinero desempeña el papel más importante, y Adriano Román, dispone de ella en abundancia, y teniendo  a su alcance y disposición a los que viven de matar por un precio, se impone que la sociedad utilice los mecanismos que la ley pone a su alcance para defenderse de aquellos que dan demostración de ser incorregibles; impenitentes delincuentes, reincidentes asesinos, recalcitrantes perturbadores sociales.

4.- La sociedad dominicana en general, y mi familia en particular, tiene legítimo derecho a vivir en paz, sin sobresaltos ni sorpresas. La intranquilidad no puede formar parte del desenvolvimiento normal de los hombres y mujeres de bien, pues entonces la criminalidad, la delincuencia habrá  tomado su imperio en el medio en que vivimos, y habremos  sucumbido ante el reino del crimen.


5.- La sanción penal con privación de libertad procura, entre otras cosas, reeducar al que ha delinquido,   pero aquel que, como Adriano Román, ha reincidido en el crimen y persevera en el mismo, se impone tomar en su contra medidas excepcionales para evitar nuevas víctimas fruto de su obstinada decisión de continuar pagando para matar a mujeres y hombres honrados y decentes,  como Miguelina Llaverías  y mi hijo Jordi Veras.


6.- Si como sociedad civilizada disponemos de instrumentos  legales para enfrentar   a los delincuentes incorregibles como Adriano Román, debemos hacer  uso de los mismos  para defendernos de sus maquinaciones y ataques,  y no esperar   que otras víctimas suyas, como Miguelina y Jordi, sufran las consecuencias de quedar con vida pero  marcadas con el sello de la voluntad criminal de Adriano Román,  quien disfruta calculando  y poniendo en práctica crímenes por encargo desde el mismo recinto carcelario donde se encuentra recluido.

7. Todo antisocial peligroso, además de recibir sanciones ejemplarizadoras, sus movimientos en el recinto carcelario donde cumple condena deben  ser sometidos  a un control absoluto; constituye un riesgo mantenerlos en condiciones  de movilidad igual  a los demás  reos.; a mayor peligro generado  por un criminal más intensa  deben ser   las medidas  de control.  Adriano Román por su peligrosidad es un recluso que debe estar en una celda de alta seguridad.

8.- Un estado de incertidumbre no cuadra con la vida llevadera de una persona de bien;  vivir  a expensas de lo   que desde la cárcel  Adriano Román ordena ejecutar a un sicario,  es  incompatible con una  existencia sosegada como merece todo persona trabajadora,  honesta y útil.


Santiago de los Caballeros,

2 de septiembre de 2014.

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