jueves, 13 de marzo de 2014

Para enfermos y ancianos de Santiago: otro mercado tolerado por la Alcaldía









Por: Ramón Antonio Veras.
1.- En toda sociedad civilizada las autoridades se interesan por darles atenciones especiales a los enfermos y a los ancianos, tomando en consideración la lesión en sus  organismos  para  los aquejados de salud, y la edad en  los   envejecientes.
2.- Pero en la ciudad de Santiago de los Caballeros, los enfermos y los viejitos son ignorados,  maltratados como si fueran cosas insignificantes, algo así  como despojos humanos, desechos sociales.
3.-  Hay que estar despojado de sensibilidad, no tener el menor sentido de humanismo, para permitir que se burle la tranquilidad espiritual, la paz  para el descanso y para la concentración del sueño; la calma para soportar las consecuencias de una enfermedad, o el alivio para mitigar un dolor.
4.- Todo aquel que quiera saber hasta dónde llega el desorden que impera en Santiago, y la indolencia de las autoridades municipales de la ciudad, le basta con detenerse en la Sabana Larga, frente a frente al Hospital José María Cabral y Báez y al Hospicio San Vicente de Paúl.
5.- Lo que se ve en el lugar antes descrito sólo puede compararse  con lo que ocurre en el Parque Duarte, en el Mercado Hospedaje Yaque y con el mercado  que funciona los jueves frente al Cementerio de la 30 de Marzo.  
6.- En el otro fango instalado en la Sabana Larga, frente a donde están los viejitos del Hospicio y los enfermos del  Hospital Cabral y Báez, se ve con claridad el deshonor que impera en Santiago, con la  indiferencia y desprecio de la Alcaldía de la ciudad, hoy convertida en un medio social ultrajado por aquellos que fueron elegidos para honrarla, prestigiarla como Santiago merece.
7.- Ninguna persona con sano juicio puede formarse una idea del desastre que hoy se advierte en Santiago, causado por una gestión municipal que se ha manejado en la línea de  la calamidad, en procura de orientar los servicios por la vía de la hecatombe, hacia el fracaso.
8.-  La debacle que observamos en los parques y avenidas; el caos en el transporte público; la colocación  de letreros en forma anárquica; el desprecio en la recogida de la basura, en fin, lo que exhibe la ciudad de Santiago en estos momentos es la  expresión de una ciudad que, al parecer, fue   condenada por una maldición  apocalíptica.
9.- En Santiago no hay que hacer mucho esfuerzo para comprobar que estamos en presencia de una Alcaldía que se ha dispuesto convertir la ciudad en un medio social sólo habitable por personas rastreras, sucias, por  aquellos que se identifican con la asquerosidad,  la porquería, la inmundicia y la mugre.
10.- Santiago de los Caballeros no puede seguir como hasta ahora, moviéndose bajo un estado  de  desbarajuste; el caos hay que pararlo, la anarquía  tiene que ser  erradicada. Debemos rescatar la ciudad para que regrese el orden y la limpieza.
11.- Los viejitos que están viviendo en el Hospicio San Vicente de Paúl, necesitan paz; tranquilidad, reposo, sosiego, quietud; ellos merecen pasar los últimos años de su existencia en calma, con placidez. La intranquilidad, la bulla,  la algarabía, les amarga la vida a los ancianos.
12.- Ese mercado que funciona en Santiago  entre el Hospital José María Cabral y Báez y el Hospicio San Vicente de Paúl, lo que  le genera a los viejitos y a los enfermos es alboroto y  tumulto.
13.- El desguañangue que presenta la ciudad de Santiago en estos momentos está presente por todas partes; el descuido está vivo en cada calle o avenida; lo fatídico lo vemos en los barrios y urbanizaciones, el desamparo le ha llegado a Santiago como si fuera una ciudad signada por el infortunio.  Sus habitantes llevan una vida atribulada.  No hay tranquilidad para los vivos, los ancianos, los enfermos  ni para los muertos.



Santiago de los Caballeros,

12 de marzo de 2014.

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