miércoles, 12 de marzo de 2014

ANTE EL FALLECIMIENTO DE LA COMANDANTE MELBA HERNÁNDEZ, SÍMBOLO DE LA LUCHA DE LAS MUJERES DEL MUNDO QUE HAN LUCHADO Y LUCHAN POR UN FUTURO MEJOR PARA TODA LA HUMANIDAD.-





Por: Ramón Antonio Veras

El pasado domingo 9 de marzo en curso, falleció la heroína del Moncada, la doctora Melba Hernández

La Comandante Melba Hernández, fue una  mujer excepcional; con ella tuve la dicha de compartir en su país, Cuba, y en el extranjero. Ambos formamos parte del Tribunal Antiimperialista de Nuestra América. Melba Hernández, simbolizó lo que es la firmeza y la disposición de las mujeres cubanas, latinoamericanas y caribeñas en la lucha por una vida mejor para toda la humanidad.

Al igual que yo, es bueno que otros dominicanos y dominicanas conozcan el historial de lucha de Melba Hernández. Por tal razón detallo a continuación una parte de lo que fue la vida de la heroína del Moncada.

Nacida el 28 de julio de 1921 en el municipio de Cruces, en la provincia de Las Villas, al centro del la isla de Cuba, hija de un hogar pequeño en su composición, pero grande en su modelo revolucionario; llegó a La Habana con sus padres, como hija única, y estudió la carrera de Derecho. Eran años convulsos, de confrontaciones políticas, de desmanes y corrupciones administrativas en el entorno político, pero su brújula revolucionaria la llevó por el sendero adecuado, tomó el partido de las bases populares, pensó en ser una abogada para defender al pueblo, y ser recompensada en su vida profesional por la resolución de pleitos en los que prevalecieran la justicia y no la ganancia económica a ultranza. Su proyección sin embargo apenas pudo verla realizada en el campo de la ciencia del Derecho.

Muy pronto Melba se unió a compañeros que buscaban como ella otros horizontes, tras un cambio profundo de las condiciones existentes en Cuba en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del mil novecientos. Fue justamente la década del cincuenta, en sus albores, cuando ocurre el acontecimiento más trascendental en su vida pública, a partir del momento en que conoce a un joven colega —abogado como ella— que tomará el liderazgo revolucionario: el doctor Fidel Castro Ruz.

Para entonces el camino establecido en Cuba para los cambios institucionales o de gobernación del país mediante el sistema electoral tradicional de la república neocolonial, acababa de ser interrumpido abruptamente por un golpe militar perpetrado por un hombre que respondía a los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica, el General Fulgencio Batista, que no podía traer otra cosa que no fuera el incremento de la corrupción y nuevos crímenes políticos. El hecho ocurrió el 10 de marzo de 1952, en vísperas de la celebración de unas elecciones generales donde el partido político que sin duda alguna vencería hubiera sido el opositor Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), fundado por un hombre todo honradez y valentía llamado Eduardo Chibás, aunque para esa fecha ya él no vivía. El joven abogado Fidel Castro, vio primero que todos los demás que el frustrante golpe de estado militar, perpetrado en el Cuartel General o Fortaleza de Columbia, cambiaría los destinos de Cuba y que su artero protagonista no abandonaría el poder de otro modo que no fuera mediante la acción armada. No fueron muchos los que creyeron fervientemente que fuera de esa manera. Pero entre las que creyeron en esa nueva voz hecha acción, estaba la doctora Melba Hernández.

Dos mujeres de vanguardia se constituirán pronto en símbolo de la gesta que protagonizó Fidel, al año siguiente del golpe militar, con los asaltos de los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, al oriente de Cuba seguido de un grupo consciente de jóvenes revolucionarios, bien adiestrados en el uso de las precarias armas que llevaban al asalto: Las dos mujeres fueron Melba Hernández y Haydée Santamaría — ya fallecidas-, fundadoras ambas del incipiente movimiento organizado por el doctor Fidel Castro, con el apoyo de su “lugarteniente” Abel Santamaría, hilo conductor para que Melba y Fidel se conocieran. Hubo una mujer, una sencilla trabajadora cubana, de profundos ideales patrióticos llamada Elda Pérez, amiga de Melba y de Haydée, quien sin saberlo hizo este haz indisoluble en la historia de Cuba.

Melba y Haydée participaron de la organización del 26 de Julio de 1953. Año en que se celebraba el Centenario del nacimiento de José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba. Les cupo a ellas el honor de integrar la retaguardia bajo las órdenes de Abel Santamaría, a quien Fidel había nombrado para sucederlo en caso de que él pereciera en la toma por sorpresa del Moncada. El hecho ocurrió de diferente manera y fueron Abel y sus compañeros los primeros prisioneros asesinados luego del combate que se convertiría en una victoria estratégica aunque no se consiguiera el triunfo esperado aquel día 26 de Julio. Melba y Haydée fueron víctimas de torturas psicológicas horribles para que delataran a los demás integrantes y al jefe del movimiento. Los criminales no consiguieron arrancarles una palabra. Fidel ya había podido retirarse y trataba de hacerse fuerte en las montañas próximas a Santiago de Cuba para proseguir la lucha.

Como actoras heroicas del 26 de Julio y testigos excepcionales de los crímenes perpetrados por el ejército en el Moncada, Melba y Haydée se crecieron como mujeres y ejemplos de fortaleza espiritual y valor frente a quienes tenían sus vidas en las manos y luego ante quienes la juzgaban.

Es una larga historia. Digamos que Melba Hernández, como abogada revolucionaria y en su condición de acusada en el juicio del Moncada-  tan solo dos meses después del asalto-, desafió al tribunal que los juzgaba y entregó a este, públicamente, una carta en medio del terror circundante y una sala atestada de militares con sus rifles cargados y bayonetas caladas. En términos jurídicos y éticos era la defensa de un engaño del tribunal y los militares. En la carta Fidel denunciaba que lo habían sacado del proceso judicial; que pretendían asesinarlo y que él no estaba enfermo, como habían dicho los militares para evitar su presencia en la sala porque de acusado se había convertido en acusador. Esta audacia revolucionaria y jurídica de Melba les valió a las acusadas un castigo mayor en la prisión preventiva.

Cárcel y vida clandestina activa son otros de sus muchos méritos. Melba, y Haydée recibieron la encomienda del doctor Fidel Castro, desde la cárcel de Isla de Pinos, de agrupar a los integrantes del Movimiento Revolucionario que asaltó e Moncada; se trataba de aquellos jóvenes que --aunque entrenados-- no habían podido ir al Moncada porque la agrupación revolucionaria no contaba con armas suficientes. Simultáneamente el propio Fidel les dio también la misión impostergable de encontrar la forma de imprimir clandestinamente, en el más breve tiempo, su discurso de autodefensa del Moncada, conocido hoy, históricamente, como La Historia me Absolverá el cual constituye una denuncia de crímenes e ilegitimidad del régimen que imperaba, y a la vez un avanzado programa revolucionario. Este programa fue cumplido por la Revolución en sus albores y se hizo aún más profundo. Las tareas encomendadas a Melba y Haydée fueron cumplidas a cabalidad.

Las heroínas del Moncada cumplieron otras misiones difíciles: Melba, se trasladó a México y colaboró directamente, junto a quien fuera su esposo entonces, el también revolucionario Jesús Montané — combatiente del Moncada— en la organización de la expedición del yate Granma que saldría posteriormente del puerto de Tuxpam en México, con Fidel al frente: se abría a partir de ese momento la lucha en la Sierra Maestra.

También ella conoció de nuevo los avatares y riesgos enormes de la lucha clandestina en La Habana y luego de la lucha en la Sierra cuando pasó a formar parte de una Columna del Ejército Rebelde al frente de la cual se encontraba el hoy Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque —combatiente del Moncada y expedicionario del Granma-. En el Tercer Frente Oriental, donde operaba la columna de Almeida, ella fungió como responsable del departamento Jurídico de aquel Frente, próximo a Santiago de Cuba.

Tras el triunfo de la Revolución, Melba Hernández ejerció diferentes tareas importantes, pero en aras de la síntesis de tan rica vida revolucionaria diremos que una de ellas se desarrollo en el ámbito económico de combate, en el proceso de nacionalización de las compañías petroleras extranjeras en Cuba. Sería fundadora del organismo revolucionario ICP (Instituto Cubano del Petróleo) y durante un tiempo significativo, trabajó junto al Comandante Ernesto Guevara, el Che cuando este era Ministro de Industrias.

Su estrecho vínculo con el Ché incorporó a su formación política revolucionaria una visión más abarcadora del mundo en que vivía, desde la esfera de la solidaridad internacional. Simultáneamente  Fidel Castro abría en ella el camino para desarrollar una vertiente por la cual se le conoce mucho internacionalmente, esta fue la senda transitada de la solidaridad durante un largo y cruento período de más de una década.

Fidel le había designado en 1963 para que presidiera el Comité Cubano de Solidaridad con Vietnam del Sur, que sería el primer Comité de Solidaridad con la lucha del pueblo vietnamita en el mundo entero. El hecho ocurrió poco después de un viaje que auspiciado por el Movimiento por la Paz le permitió a Melba concurrir a un Congreso de Mujeres en Moscú, donde las vietnamitas la invitaron a visitar a su país. De Moscú viajó a Hanoi y allí se entrevistó con el venerable Presidente Ho Chi Minh.

El Comité de Solidaridad con Vietnam del Sur, que luego sería por todo Viet, por Laos y Cambodia, se convirtió con el trabajo aglutinador, inteligente, impulsivo, ininterrumpido, apasionado y febril de Melba, en un movimiento solidario interno sin precedentes en Cuba hasta entonces. Foros, simposios, conferencias a lo largo y ancho de la isla sumaron a obreros, profesionales, poetas, artistas, periodistas, escritores, estudiantes, campesinos, científicos, mujeres, niños, militares, en fin a toda la gama de la sociedad en pro del conocimiento de la lucha de Vietnam y en solidaridad con ella. El Comité cruzó las fronteras nacionales y se convirtió con Melba al frente, en un factor decisivo en la organización del Tribunal Internacional contra los Crímenes de Guerra en Vietnam, dirigido por Beltrand Russell, más conocido como el Tribunal Russell que sesionaba cada año en Europa, fundamentalmente en Suecia y Dinamarca.

Esta dinámica organización que, según la propia Melba llegó a declarar, fue una de las tareas más hermosas de su vida, se mezcló con otros movimientos solidarios disímiles, salvo en su justeza, entre ellos la lucha por los Derechos Civiles de los Negros Norteamericanos.

La Comandante Melba Hernández, expone en el Tribunal Antiimperialista de Nuestra América-TANA-,  presentes el  Dr. Ramón Antonio Veras, el Dr. Guillermo Torriello, y otros miembros del Tribunal, en el curso de un encuentro en La Habana.

El pueblo vietnamita, el Partido Comunista de Vietnam y el Gobierno de aquel país, aún ven a Melba como una hermana de lucha y los más jóvenes la veneran como a una madre. El desarrollo del Comité, había coincidido con la llegada de numerosos grupos de estudiantes vietnamitas becados por el Gobierno Revolucionario para estudiar en Cuba, y ello contribuyó a que varias generaciones conocieran profundamente el trabajo de Melba en el campo de la solidaridad y la Paz.

Concluida victoriosamente la guerra de Vietnam, y luego de ser Embajadora de Cuba en ese país, Melba Hernández pasó a desarrollar otras tareas en el campo académico organizando el Centro de Estudios de Asia, así como transmitiéndole a los jóvenes, por conducto de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) las experiencias más variadas de su vida revolucionaria.

Gloria eterna a la Comandante Melba Hernández. Desde este Santiago de los Caballeros querido, me inclino reverente ante la memoria histórica  de la compañera y amiga Melba Hernández.


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